"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 28 de octubre de 2026

¿Para qué escribimos cuentos?

 

¿PARA QUÉ ESCRIBIMOS CUENTOS?

Carlos Alberto Velásquez Córdoba


(Prologo del libro Eso es... puro cuento vol 3, 

de la Editorial Libros para Pensar, 2022)


Recuerdo que hace muchas décadas llegó un nuevo rector a mi colegio: un hombre sabio y muy ilustrado que cambió la vida de muchas personas. Cuando alguno de nosotros hacía alguna travesura, él nos llamaba a la rectoría y nos hacia una pregunta extraña: En lugar de preguntarnos: “¿Por qué hiciste eso?”, nos preguntaba: “¿Para qué lo hiciste?”

Nos dejaba desarmados: a la pregunta de por qué se hace algo, se puede responder con cualquier argumento: …quebré el vidrio por accidente, le pegué a Fulanito porque me estaba molestando… Pero ante la pregunta “para qué...” uno tiene la obligación de asumir una responsabilidad y establecer un motivo concreto. (Eso me lo explicó él, muchos años después, cuando le pregunté para qué nos hacia la pregunta de esa forma).

Y esta es la pregunta que quiero transferirle a ustedes: ¿Para qué escribimos cuentos? ¿para qué los leemos?

Debo admitir que es muy difícil definir lo que es un cuento. Tal vez la definición más sencilla es que un cuento es “lo que se cuenta”. En las primeras tres acepciones del diccionario de la Real Academia, se dice que un cuento es una narración breve de ficción. Un relato, generalmente indiscreto, de un suceso o una relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención (1).

Existen muchas definiciones de cuento, pero todas coinciden en que el cuento es una narración sobre un personaje (persona, animal, vegetal o cosa) al que le sucede algo (2,3).

El cuento puede diferir en su extensión: los hay breves y los hay extensos. A diferencia de la novela, en la que la trama es compleja, el cuento pretende contar un hecho preciso sin ahondar en aspectos que puedan hacer perder el foco del asunto. El cuento es una historia redonda que tiene inicio, un desarrollo (nudo) y un desenlace. Solo busca ir de A a B de la forma más limpia posible. Como diría Anton Chejov (citado por W. Somerset Maugaham): “Todo lo que no se relaciona con él debe ser extirpado sin compasión” (4). En el cuento toda narración está fundamentada en lo que ocurre al personaje y a la situación a la que se ve sometido. El cuento, a diferencia de la novela, es concreto: trata de un solo incidente 
(5,6). Para que exista un cuento debe haber como mínimo una acción ligada a una consecuencia (descrita o al menos planteada como posibilidad). En el cuento debe pasar algo que transforma al personaje o a los personajes o por lo menos dejar la sensación de que “eso” ocurrirá.

Pero ¿Qué hace tan especial al cuento, que en miles de hogares cada noche, una voz infantil dice: “papi, cuéntanos un cuento”?

El cuento es parte fundamental de la humanidad. Somos la única especie que cuenta cuentos. En su libro “De animales a dioses”, el historiador Juval Noah Harari, dice que, si juntáramos un grupo pequeño de animales, eventualmente podrían ponerse de acuerdo para hacer alguna actividad conjunta. Pero a medida que crece el número de individuos de una manada, el ponerse de acuerdo es complicado. No todos los miembros del grupo estarán alineados. Solo los humanos somos capaces de alinearnos frente a conceptos intangibles: La libertad, la equidad, el valor de la vida, la religión, la supervivencia, o incluso, el valor del dinero.

Imagine, el lector, que su mascota (perro, gato, o cualesquiera que suela tener) tuviera una historia en común con los demás animales de su especie. Imagine que su perro, por poner un ejemplo, conversara en el parque con los otros canes del barrio y hablaran del primer perro que existió, y de cómo fue la domesticación de su especie por los humanos. Tan solo suponga que tienen la capacidad de transmitirse entre ellos el concepto de historia, (o incluso el de injusticia). Resulta impactante pensar que puedan ponerse de acuerdo con una idea: unirse todos los perros del mundo para emanciparse del yugo de los humanos. Estoy completamente seguro de que sí así fuera, si los animales pudieran contar cuentos, no seríamos sus amos y tal vez ya nos habríamos extinguido.

Contar cuentos es una necesidad del ser humano. Actualmente se sabe que el surgimiento del lenguaje estuvo asociado con una mutación genética ocurrida hace unos 200.000 años en el cromosoma 7 (Gen FOX2P), precisamente coincidente con una explosión cultural de nuestra especie. Los investigadores no se han puesto de acuerdo sobre cuándo fue la primera vez que un humano habló. Algunos plantean que fue hace 200.000 años y otros, tan solo hace 40 mil (7). Lo cierto es que el lenguaje nos facultó para crear conceptos que podían unirnos como especie. La creencia en orígenes comunes y en futuros mejores hicieron posible el ascenso del hombre. El poder contar las historias de nuestros ancestros, y el poder soñar con conceptos intangibles hizo posible que los humanos superáramos a los demás animales. Si reuniéramos 400 simios, difícilmente se pondrían de acuerdo para obtener bananas, pero millones de personas se unen para elegir un candidato que les promete mejores condiciones, o para disfrutar un partido de futbol, aun sin conocer personalmente a los jugadores y sin obtener ningún beneficio a cambio.

Los humanos somos capaces de conectarnos entre si porque podemos contarnos historias, desde los grandes mitos fundacionales (8, 9), el origen mitológico de los rayos y los truenos (10,11,12), o los componentes necesarios para hacer la torta que hacía la bisabuela, y transmitir esos conocimientos de generación en generación. De niños no había nada que nos atrajera más que las palabras “Erase una vez…” o “Había una vez…” (13). Esas frases eran la entrada a nuevos mundos donde cualquier cosa podía pasar. De adultos disfrutamos sentarnos con amigos a escuchar sus historias o compartir las nuestras. Contar historias nos hace humanos, fortalece la camaradería, nos enseña cosas nuevas, nos congrega como grupo. Una historia bien contada nos pone el polo a tierra, pero nos puede conectar con el cielo, con el universo, con el Absoluto. Cuando contamos un cuento, nos volvemos dioses que inventan mundos, como lo hizo Dios en el génesis. He ahí la magia de escuchar narraciones, y el poder que da el saber escribir una historia.



El libro que el lector ahora tiene en sus manos no solo es una simple antología de cuentos escogidos de escritores. Es el producto de millones de años de evolución. Es el resultado de una mutación genética que ocurrió hace doscientos mil años, que hizo que unos animales que andaban en dos patas comenzaran a contarse historias entre sí. Es el culmen de años de desarrollo para que los humanos perfeccionaran un idioma y crearan máquinas tan interesantes como el libro (14): Una asombrosa máquina capaz de conservar pensamientos y palabras de otras personas, y luego transmitirlas a sus lectores con total fidelidad, incluso cientos o miles de años después de que sus autores hubieran fallecido.

Las historias que el lector encontrará en el tercer volumen de Eso es Puro Cuento le llenarán de asombro, le descubrirán mundos nuevos o le proveerán información hasta entonces desconocida. Le hará soñar con otras realidades y le pondrá los pelos de punta. Se encontrará con el trabajo de un grupo de escritores (grandes lectores) a los que se les ocurrió dejar en el papel algunas ideas con el fin de enseñar y entretener.

Leer este libro será como repetir el ritual ancestral de sentarnos alrededor del fuego y contar las historias que han rodado por el mundo.

¿Para qué escribimos cuentos? ¿Para qué leemos cuentos? La respuesta es muy sencilla, pero no menos importante: Para ser más humanos.



Carlos Alberto Velásquez Córdoba
Noviembre 2022



Referencias

(1) RAE. Diccionario de la lengua española. Edición del tricentenario. Actualización del 2021
(2) Anderson Imbert, Enrique. Teoría y técnica del cuento. Buenos Aires. Ed Ariel. 1979
(3) Macías, Luis Fernando. El taller de creación literaria. Medellín. El tambor de hojalata. 2008
(4) Somerset Maugham W. Estudio sobre el cuento. En Cosmopolitas: La miseria de siempre. México. Porrua. 1988
(5) Zabala, Lauro. Teorías del cuento. México. Difusión Cultural. UNAM 1997
(6) Poe, Edgar Allan. Ensayos y críticas. Barcelona. Alianza Editorial. 1973
(7) Laín Entralgo, Pedro. Antropología Médica. Barcelona. Salvat 1984.
(8) Levy-Strauss, Claude. Citado por Sorman, Guy. Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo. Barcelona. Seix Barral 1991
(9) Gaarder, Jostein. El mundo de Sofía. Madrid. Ciruela. 1994
(10) Graves, Robert. Los mitos griegos. Madrid. Editorial Gredos. 2011
(11) Hawthorne, Nathaniel. Los mitos griegos contados otra vez. Bogotá. Norma. 2001

No hay comentarios.:

Publicar un comentario