"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 22 de abril de 2026

Soy anti-progresista... y me gusta la Coca-Cola

Me preguntan por qué estoy en contra de los autollamados "Progresistas", en contra de la cultura Woke, o de las ideologías actuales. La respuestas es simple, me gusta ejercer la libertad sobre lo que creo, sobre lo que pienso y asumir la responsabilidad sobre lo que hago; y no considero que mis creeencias deban ser impuestas a la fuerza a los que piensen diferente de mí. 

Estoy en contra de que me imponga la obligatoriedad de hacer o recomendar un aborto, estoy en contra de que se me acuse de no apoyar el asesinato de una persona por parte de un médico bajo el nombre de "eutanasia"; de que me obliguen a decirle "mujer" a un hombre que nació hombre y que, en un gravísimo acto de intolerancia hacia su propio sexo, decidió que quería ser mujer. 

Igualmente, soy un libertario y estoy en contra de que mis creencias deban ser obligatorias para los demás. 

Lo pondré en un ejemplo. 

Personalmente me gusta tomar Coca-Cola. Disfruto su sabor, y trato de tomarla al menos una vez al dia. 

La gran mayoría de las personas en el momento actual consideran que la Coca-Cola es un refresco maldito, que produce obesidad (la cual no tengo),  que produce diabetes (la cual, hasta ahora no tengo), que produce arrugas (que sí tengo), y que, en resumen, es un veneno que hay que evitar a toda costa. 

Por ahora la gente tiene todo el derecho a decirme que debo dejar de consumirla, y yo tengo todo el derecho a ignorarlos. Hasta aquí no vemos ningun problema. Es mi decisión tomarla, y debo asumir las consecuencias de hacerlo. 

Pero un día me canso de la cantaleta y digo que soy una minoría que tengo derecho a tomarla y que me siento ofendido cada que alguien dice que la Coca-Cola es mala. Entonces exijo que nadie me diga lo dañino que es, porque eso lo considero un "discurso de odio". 

Si alguien en el trabajo me dice "no tomes tanta Coca-Cola, que te hace daño" yo empiezo a denunciarlos por agresión, y por estár difundiendo discursos de odio. Lo denuncio por atentar contra el libre desarrollo de mi personalidad.  

Vayamos mas allá: yo empiezo a exigir que ninguna revista médica, ningun profesional de la salud pueda afirmar que la Coca-Cola es dañina. De lo contrario se les impondrá una multa por ofender a una minoría, por fomentar la intolerancia a la diversidad y por promover discursos de odio. Mi médico ya no podrá recomendarme dejar de tomarla por miedo a que lo denuncie al Tribunal de Ética o a la Fiscalia por ser un "fascista" que odia a las minorías a las que nos gusta dicho refresco. 

Incluso, podemos ir mucho más lejos. Mi colectivo minoritario podría exigir que en los colegios y escuelas se diga que la Coca-Cola no es dañina, y que, por el contrario, es un símbolo de los que luchamos a favor de la libertad de expresión y en  contra la opresion a las minorías.  

Como miembro de una minoría podría exigir que, gracias a mi  percepción de que la Coca-Cola beneficiosa, el Estado me provea de al menos un litro diario de la bebida como si fuera un derecho legal.  En otras palabras, los que en silencio piensan que la Coca-Cola es mala (en silencio, para no ser sencionados), tendrían la obligación de costear, con sus  impuestos, mi ración diaria del líquido negro. 

Podría llegar un momento en que los colectivos progresistas exijan que toda persona debe consumir Coca-Cola aunque no les guste. Si se les ofreciera y la rechazaran serían unos fachos que odian a las minorías. Unos nazis de la peor calaña.

Ahora, en lugar de Coca-Cola pongan cualquier otra situacion que defienden los progres. (El cambio de sexo, el aborto, la eutanasia, el lenguaje inclusivo).

¿Entienden ahora, por qué no estoy de acuerdo con las ideologías actuales y el movimiento progresista?

¿Crees que eres mujer habiendo nacido hombre? ¿Crees que es correcto abortar? ¿Crees que es ético que un médico asesine una persona, existiendo otras formas de quitar su dolor y su sufrimiento?  ¿Crees que tienes derecho a que el gobierno te pague una cirugía de cambio de sexo, o costee tu tratamiento hormonal, cuando ni siquiera tiene recursos para el tratamiento de una persona con cáncer? ¿Crees que debería ser obligatorio utilizar el todex para fomentar la inclusión?

Pues, te digo que puedes creer lo que te de la gana, pero no me puedes obligar a creer que tienes razón. 





miércoles, 15 de abril de 2026

Medicos haciendo fraude

Cuando era niño mis padres me enseñaron a confiar plenamente en los médicos. En esa época se confiaba en ellos porque se esperaba que fueran personas íntegras. Estudié medicina admirando a mis profesores que siempre se mostraron como modelos a imitar. A lo largo de más de casi cuarenta años de ejercicio profesional he interactuado con profesionales íntegros en todo el sentido de la palabra, con muy pocas excepciones. 

Por eso me generó tanto impacto la noticia de al menos cuarenta médicos que hicieron fraude en el examen de admision a residencia (especializaciones médico quirúrgicas) el pasado 10 de abril de 2026.   (leer la noticia acá: Fraude en el examen de Admisión a la UdeA). 

Inmediatamente los medios de comunicación hicieron eco del suceso, estallaron los chat y redes sociales deplorarando el hecho. Las sociedades médicas y las Academias de Medicina publicaron textos repudiando lo ocurrido.  

Muchos culparon a la sociedad actual que aliena a las personas y las impulsa en una carrera desenfrenada por los logros sociales y económicos. Otros lanzaron sentencias en las cuales se afirmaba que los profesionales que logran hacer su especializacion por medio de trampas siempre tendrían ese peso en sus conciencias. Muchos culpaban la carencia de ética en las universidades. Todos buscaban culpables, menos en los médicos que hicieron fraude. 

Mi reflexión sobre el asunto es tajante: ninguna sociedad puede permitirse tener profesionales sin ética y mucho menos en el area de la medicina. 

El primer punto es la falta de valores de la sociedad. Contrario a los que expresaron unos los colegas, estoy convencido de que ninguno de los médicos que hizo trampa, se hubiera sentido culpable de ello de haber conseguido el cupo. Incluso, creo que en secreto estarían muy orgullosos de que su astuto plan les hubiera abierto el camino. ¿Por qué lo digo? porque sé de primera mano que en ningun momento sienten que han hecho nada malo (la frase "el vivo vive del bobo" es una consigna que se enseña en muchos hogares). Tuve compañeros que se enorgullecían de las trampas que hacían y varias décadas después las narran como experiencias épicas sin el menor atisbo de pena.  

Cuando era Jefe de Apoyo Asistencial de una clínica de la ciudad, recibí la solicitud de una universidad para revisar una fotocopia de una incapacidad, expedida por un profesional de la institución, a un estudiante de medicina de octavo semestre. Les había parecido sospechosa. La revisamos y efectivamente confirmamos que había tomado una incapacidad antigua y le había modificado las fechas. Naturalmente, certifiqué que la incapacidad era falsa y que el estudiante no había consultado recientemente. Lo increible de todo fue que el muchacho se apareció unos días después a mi oficina a pedirme que lo ayudara porque la universidad lo había suspendido por un semestre. Me decía que lo que había hecho no tenía nada de malo. Que él no había matado a nadie y que solo había cambiado la incapacidad porque tenia un examen, había bebido mucho el día anterior y no había estudiado. Para él, alterar un documento, suplantar un médico y fingir estar enfermo no tenía nada de malo. 

No sé qué pasó con ese muchacho. Ese día se fue muy asustado al enterarse de que segun el código penal colombiano, la alteración de un documento legal (como una incapacidad) podía darle varios años de cárcel. Espero que la universidad no solo lo hubiera suspendido sino que jamás haya podido graduarse de médico. No me imagino lo que sería capaz de hacer. 

Eso me lleva al otro punto. La ética no se enseña. Se puede aprender pero no se puede enseñar. La ética se aprende mientras vemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros profesores o a nuestros líderes caminando por la vida. Ningún colegio ni ninguna universidad nos puede enseñar ética.

Las facultades de medicina deben incluir la ética dentro de sus programas como parte de su entrenamiento, como espacios de discusión, pero no pueden asegurar que los estudiantes aprenderán a ser éticos. 

El escándalo no debería ser que cuarenta médicos hayan intentado hacer fraude. El escándalo verdadero es que las universidades hayan concedido a esas personas el título de médicos cuando tuvieron mínimo seis años para saber si merecían serlo.

Se ha dicho que la universidad debe formar...  pero tal vez ese es el error.  La universidad debería abrir la puertas al que ya tiene una formación desde su casa. El joven que no tiene principios éticos no los va a cambiar porque les dan una clase. 

Lo que ocurrió en ese examen se evitaría si en lugar de tratar de enseñar ética (en forma tardía) en la universidad, se hiciera una selección de los candidatos a ser médicos entre los bachilleres que demuestren tener principios éticos. 

Es cierto que se pueden colar algunos, pero durante los seis años que dura la carrera se pueden detectar a aquellos que no merecen ser médicos e irlos descartando. Necesitamos que no sea solo el nivel de conocimiento el que determine si una persona cumple con los criterios para graduarse. Se requiere que la ética sea también un criterio de selección.

¿Y qué es la ética?

Quiero hacer énfasis en que no es lo mismo la moral, la ética y lo legal. 



Lo legal es lo que está permitido por un Estado y 
está determinado por las leyes y normas. 

Lo moral esta definido por las costumbres y generalmente está asociado con las religiones o creencias.

Lo ético se considera correcto desde el punto de vista antropológico, ontológico o de la filosófia. 

Pongo un ejemplo: 

Para los alemanes en la segunda guerra mundial, quitarle las propiedades a los judíos era completamente legal. Para algunos, atacar a los judios no era inmoral (era aceptable dentro de sus creencias). La ética por el contrario tiene un punto de vista antropológico (no religioso ni legal). Bajo ninguna circunstancia humana sería ético eliminar judíos. 

Hace miles de años era legal tener esclavos; ahora es ilegal.  Para algunas religiones era moralmente aceptable tenerlos, para otras no. La ética trasciende las creencias y las leyes y se centra en lo correcto desde la perspectiva del ser humano.  

No siempre lo legal es lo correcto. No necesariamente la moral determina lo correcto. Tener sexo antes del matrimonio, por ejemplo, fue inmoral por mucho tiempo en nuestra cultura. Ahora no lo es. 

La ética no depende de leyes o normas religiosas. Depende de la integridad del ser y ser reduce a una decisión estrictamente personal. 

Mientras lo legal y lo moral cambian con las sociedades, la ética permanece en el tiempo como la mejor forma de vivir como ser humano íntegro. 

 


jueves, 9 de abril de 2026

Medicina Narrativa. Jornada Cultural AMM.

El dia 4 de febrero de 2026 se hizo la primera jornada cultura de la Academia de Medicina de Medellin y tuve el honor de ser invitado a dar inicio a la velada. 
El tema fue la relacion entre la medicina y la literatura. 

A continuación comparto  una corta charla dicté sobre la Medicina Narrativa. En ella se tratan cinco puntos principales. 
  • Estudiar el relato (la narrativa) del paciente
  • El médico como autor de una historia clínica 
  • La escritura como terapia
  • La enfermedad en la literatura 
  • El médico como escritor literario
Espero la disfruten. 


Ver también. 


miércoles, 1 de abril de 2026

El tiempo y el espacio en la narración.

Todo cuento o novela transcurre en un lugar (se diga o no) y en un tiempo (fisico o psicológico). No necesariamente hay que ubicar los personajes en un tiempo o lugar, pero, si lo piensas, todo personaje de cuento o novela es ubicado en tu mente en un lugar y un tiempo determinados.  

Siguiendo con la serie de literatura, esta semana les traigo otro video sobre cuento y novela. Esta vez el profesor Gustavo Bedoya nos habla de el tiempo y el espacio como actores fundamentales en una narracion. 

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Gustavo Adolfo Bedoya Sánchez:

Profesor universitario e investigador. Licenciado en literatura de la Universidad del Valle, con maestría en literatura colombiana de la Universidad de Antioquia y doctorado en historia de la Universidad Nacional. 

En el 2022 fue finalista del XVIII Certamen de Relatos “Pilar Baigorri” (España), segundo lugar en el “II Concurso Nacional de Cuento: Dagua Escribe” (Colombia), mención especial en el I Concurso Nacional de Cuento “Santiago Martínez Camacho” (Ecuador); y en el 2020 fue finalista de la VII Edición del Concurso “Cuentos cortos para esperas largas” (Colombia). 

Actualmente dirige varios cursos presenciales en Grammata, coordina el taller literario Isotopias y asiste al Taller de Historias, ambos pertenecientes a la RED RELATA.  Asimismo, es el autor del blog de reseñas: https://guardopalabras.blogspot.com/


miércoles, 25 de marzo de 2026

Encuestas: Manual de manipulación política.

En época electoral pululan las encuestas a favor de un candidato u otro.  "Las encuestas no mienten" dicen algunos, mientras que todos se preguntan cómo es posible que una encuesta dé como favorito a un candidato mientras que otras dicen lo contrario. 

Las encuestas, como la ciencia, dependen de la forma en que se hace la pregunta. Si sabemos hacerla, podremos obtener la respuesta que queremos. 

Para la muestra, el siguiente video tomado de la serie británica "Sí,  primer ministro", a quien concedo todos los créditos. 

Que lo disfruten. 

Ah, y por cierto, en elecciones, la única encuesta válida se da el día de la votación. Las demás encuestas no sirven (excepto la que acierte). 




miércoles, 18 de marzo de 2026

La morfología del cuento.

Esta semana les comparto la primera de una serie de conferencias sobre literatura  que dictó el profesor Gustavo Adolfo Bedoya,  doctor en historia y literatura y por muchos años profesor universitario. 

En esta ocasión versará sobre la estructura del cuento desde el punto de vista de Vladimir Propp quien, con base en el análisis de cuentos populares rusos, ofrece herramientas prácticas para entender la estructura de un cuento. 

Según explica el profesor, Propp indentificó un "esqueleto" común en los cuentos, compuesto por 31 funciones narrativas y 7 esferas de acción. 

Pero dejémos que sea el profesor Gustavo quien nos explique este tema. 



En el video  se expone que las estructuras de Propp no son fórmulas rígidas, sino moldes que los autores pueden deformar y actualizar para inyectar originalidad en sus propias narraciones. La clase concluye con una invitación a reconocer estos patrones en borradores propios para mejorar el ritmo y la profundidad del relato.

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Gustavo Adolfo Bedoya Sánchez:

Profesor universitario e investigador. Licenciado en literatura de la Universidad del Valle, con maestría en literatura colombiana de la Universidad de Antioquia y doctorado en historia de la Universidad Nacional. 

En el 2022 fue finalista del XVIII Certamen de Relatos “Pilar Baigorri” (España), segundo lugar en el “II Concurso Nacional de Cuento: Dagua Escribe” (Colombia), mención especial en el I Concurso Nacional de Cuento “Santiago Martínez Camacho” (Ecuador); y en el 2020 fue finalista de la VII Edición del Concurso “Cuentos cortos para esperas largas” (Colombia). 

Actualmente dirige varios cursos presenciales en Grammata, coordina el taller literario Isotopias y asiste al Taller de Historias, ambos pertenecientes a la RED RELATA.  Asimismo, es el autor del blog de reseñas: https://guardopalabras.blogspot.com/

miércoles, 11 de marzo de 2026

Justicia social

Estamos en época electoral y se encienden los debates. 

Desde hace varios años venimos escuchando sobre la "Justicia Social" y vemos cómo se ha usado ese término como un pretexto para que los grupos de delincuentes quemen buses, tumben semáforos, o impidan la circulación por el territorio nacional. 

La justicia social se convirtió en la excusa para exigir derechos que no se merecen. 

Así como lo leen:  

Exigen el derecho al agua potable, pero contaminan los rios y quebradas o deforestan los bosques.

Exigen el derecho a la educación pero hacen paros impidiendo que las universidades puedan estudiar dos semestres por año y graduar más profesionales.  

Exigen el derecho a la alimentación y hacen bloqueos en las carreteras provocando que la leche se descomponga en un camión o que los alimentos se pudran sin llegar a su destino. 

Proclaman el derecho a la vivienda, y con el pretexto de la "justicia social" pintan fachadas y quiebran ventanales de los que viven en una vivienda mejor que la de ellos. 

Invocan el derecho al trabajo digno, pero se oponen a la selección de cargos por méritos y buscan ser contratados "por una cuota",  o cada que pueden, sabotean la empresa porque lo ordenó el líder sindical. 

Exigen el derecho a la salud, pero no se cuidan, no hacen ejercicio, descuidan su peso, se intoxican con cigarrillo, licor,  marihuana, u otras drogas,  mientras que exigen que un sistema de salud responda por lo que ellos no cuidaron. 

Pregonan el derecho a la vida, pero apoyan la muerte en el vientre o el asesinato de un paciente terminal porque es muy costoso acompañarlo con buenos estándares de calidad cuando la medicina ya no puede hacer más. 

Y es que no es lo mismo tener un derecho, que merecerlo. 

Todos al nacer tenemos los mismos derechos, pero en la medida en que los ejercemos de forma diferente determinamos si los merecemos o no. 

La justicia socialtan manoseada por esta época, es el nuevo nombre que se le ha dado a la envidia, y  se ha usado para quitarle a los ricos y darles a los pobres sin tener en consideración si realmente lo merecen. Bajo la consigna de justicia social, se han pretendido despojar de lo ganado al que ha trabajado para conseguirlo,  para darle beneficios al perezoso.  Escudados tras la frase "justicia social" se le ponen impuestos a los cultivadores de yuca o papa, o a los emprendedores, para darles salarios mejores a los que cultivan la coca, o a los que  han robado, extorsionado o secuestrado apoyados en un arma. 

Por eso les traigo hoy mis reflexiones sobre lo que verdaderamente es una justicia social: 

  • Que el que trabaje más, obtenga mayores ganancias. 
  • Que el que sabe más, obtenga los mejores trabajos.
  • Que el que se cuide más, tenga mejores descuentos en los programas de salud. 
  • Que el que estudie más, consiga las mejores notas.
  • Que la educacion sea gratuita solo para el que demostró los mejores resultados académicos. 
  • Que el que tenga la empresa más organizada y eficiente tenga los mejores contratos.
  • Que el que gana más (incluye a los congresistas), paguen mayores impuestos. 
  • Que al empresario que contrata más empleados le reduzcan las cargas tributarias. 
  • Que los más preparados integren la juntas directivas, independiente de si son mujeres u hombres. 
  • Que el que pone más recursos en un emprendimiento obtenga mayores ganancias que el que pone menos. 
  • Que el que arriesga más en un proyecto, se le retribuya mejor que al que arriesga menos (va para los empresarios y para los trabajadores que se ofenden porque el dueño gana más luego de haber arriesgado su patrimonio). 
  • Que el que trabaje menos tenga menos ingresos. 
  • Que el que no hace nada (incluye a los políticos) no gane nada. 
  • Que le vaya mejor al que  sea más productivo (ya sea cultivando alimentos, construyendo casas, creando música o escribiendo poemas), que al que tira piedras, vandaliza medios de transporte o hace daños en nombre de los primeros. 
Esto es la verdadera justicia social. 

Termino este tema con una frase escrita hace mas de 400 años que nos enseña lo que es la justicia social: 


—Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro.


El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. 
capítulo XVII
Miguel de Cervantes Saavedra






miércoles, 4 de marzo de 2026

Creación musical. Jacob Collier

Contrario a lo que muchos creen,  las redes sociales tienen para mí una fantástica oportunidad de aprender y conocer nuevas cosas. Como he dicho siempre, las herramientas no son malas. Es el uso que les damos lo que nos beneficia o nos daña. 

Esta semana el algoritmo, de facebook me trajo este video:   Se trata del músico británico Jacob Collier, considerado por muchos como un genio contemporáneo.  

En el video, filmado en 2025, el músico tocaba con la National Sympony Orchestra (San Francisco) y decidió improvisar una obra completa. Lo bello del cuento es que no tenía preparada a la orquesta. Simplemente dio unas instrucciones a cada músico sobre lo que tenían que hacer.  El resultado, totalmente improvisado,  es fenomenal. 

Los invito a mirarlo. Este video me mostró lo maravillosa que es la mente de un compositor.  

Se los recomiendo. 




Jacob Collier (1994) es un músico inglés, cuyo estilo fusiona elementos de una variedad de géneros musicales, y a menudo presenta un uso extremo de la armonización. En 2012, sus videos en pantalla dividida de canciones populares, como "Don't You Worry 'bout a Thing" de Stevie Wonder, comenzaron a hacerse virales en YouTube.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Una anécdota para pensar. (derecha vs izquierda)

Ronald Reagan, actor y presidente de los Estados Unidos tenía un humor punzante y una gran capacidad para lanzar ideas muy profundas en pocas palabras. 

Ya en otra entrada de este blog publiqué una de sus frases:  "Un comunista es quien ha leído a Marx. Un capitalista es quien lo ha entendido".

Esta semana les traigo un video corto donde Reagan narra una anécdota con la hija de unos amigos republicanos. Desconozco si realmente la historia ocurrió, o si se trata de un mensaje político ideado por el lider del partido republicano, pero tiene mucho humor y trae una reflexión interesante. 

Para los que no conocen la política norteamericana les explico que los demócratas (izquierda) promueven un estado burocrático que tiene mayor intervención en la economía, defenden la creacion de subsidios financiados con impuestos  a las empresas y a la propiedad  (reducción de la propiedad privada) y mayores regulaciones ambientales, es decir una política socialista, mientras  que los republicanos (derecha) abogan por un gobierno austero con menos burocracia, priorizando la libertad individual, el libre mercado mediante recortes de impuestos, el fortalecimiento de las empresas privadas (capitalismo) y una postura de seguridad nacional más fuerte.

Cuando escuchen el mensaje de Reagan pueden cambiar "democrata" por "socialista" o "izquierda" y republicano como "capitalista" o de "derecha" 

Mas abajo encontrarán la transcripción. 


“Recientemente le pregunté a la hija de un amigo qué quería ser cuando creciera. Me dijo que quería ser Presidente de USA. Así que le pregunté:  Si fueras Presidente, que sería lo primero que harías?

Ella contestó: Le daría casa y comida toda la gente que está sola en la calle sin hogar.

Le dije:, "Wow, que objetivo tan noble, pero no tienes que esperar ser presidente, para hacer eso. Puedes venir a mi casa ahora mismo, podar mi césped, sacar la maleza y limpiar mi entrada y te pagaré 50 dólares. Después puedo llevarte al supermercado más cercano, donde afuera hay mucha gente pidiendo sin hogar y les puedes dar los 50 dólares para que coman o busquen techo".

Ella lo pensó por minutos y me miró directamente a los ojos y me preguntó : "Por qué la gente sin casa no va a hacer este mismo trabajo y usted le paga estos mismos 50 dólares?

Le respondí: "Bienvenida al partido Republicano.”

Ronald Reagan


En efecto, Reagan pensaba que un gobierno exitoso se medía por la cantidad de gente que requería menos subsidios, y un mal gobierno se determinaba por la cantidad de personas que necesitaban de esas ayudas. 

Ahí les dejo la reflexión. 


miércoles, 11 de febrero de 2026

Una noble labor.

El pasado 7 de febrero la Editorial Libros Para Pensar celebró su noveno aniversario. 

Este año, su director y fundador Edver Augusto Delgado tuvo una idea fantástica para su celebración:  Escogió un oficio que fuera poco reconocido pero importante:  El de los barrenderos  y reunió varios escritores de todo Colombia para  crear un libro que los homenajeeara.  El libro llamado ESCOBITAS (Héroes silenciosos), combina cuento, narracion, ensayo y poesía.  



El libro se financió con dineros propios de la editorial y con la donaciones de algunos amigos.  Otros "compraron" el libro por un valor mayor con el fin de ayudar a la causa. 

El 7 de febrero se comenzó en Medellín y en otras ciudades a regalar los libros a aquellas personas que mantienen nuestros espacios limpios.  Es una forma de decir:  Reconozco tu trabajo y te agradezco por la labor que haces. 

A continuación algunas fotos de esos héroes silenciosos recibiendo su homenaje. 




Si deseas vincularte con esta causa,  puedes comprar el libro en el siguiente en enlace, o comunicarte directamente con el director de la Editorial, señor Edver Delgado en el teléfono +57 315 8370584

COMPRAR LIBRO

miércoles, 14 de enero de 2026

¿La realidad es una construcción social?

Se vienen tiempos difíciles. La manipulación de las masas se  hace ahora a mayor escala. Cada vez más, las minorías quieren obligar a las mayorías a aceptar sus "verdades" como si fueran realidades. La ideología se impone a la biología.  La ciencia pierde terreno frente a las creencias.  

El mundo se polariza y cada quien toma, sin darse cuenta, un partido. Solo unos pocos logran mantenerse imparciales y ver el mundo desde diferentes perspectivas a la vez, y logran diferenciar la realidad de la imposición social. 

Esta semana quiero compartirles un cortometraje muy interesante, llamado Psicópolis. 

Se trata de un profesor de psicología que da una clase en la que sus estudiantes quedan desconcertados. ¿Es la realidad una construcción social?


Psicópolis.


Título: Psicópolis
Tipo: Cortometraje
Año: 2012
País: España
Director: Miguel Mérida
Guion: Andrés Lomeña
Duración: Aprox. 20 minutos
Reparto Principal:  Aníbal Soto, Yailene Sierra, Adrián López, Andrés Suárez, Antonio Navarro, Belén García, Carmen Martínez, entre otros.
Temática: Psicología social, construcción de la realidad, conformidad y obediencia.


miércoles, 7 de enero de 2026

Talleres literarios 2026

Comienza el 2026 y aparecen los buenos propósitos y las metas. 

Si te gusta la literatura, te quiero invitar a unos talleres de creación literaria. 

TALLER CREA-ACCIÓN LITERARIA

TALLER DE HISTORIAS

 


 


 

TALLER CREA-ACCIÓN LITERARIA (PRESENCIAL)

 

·         Horario: Viernes de 5:30 pm a 8 pm.

·         Lugar:  Editorial Libros para Pensar:  Carrera 79A #32A -05 Medellin. (Barrio Belén) . 

·         Costo 35.000 sesión (se mantienen los precios del 2025). El costo Incluye material de trabajo y refrigerio}

·         Fecha de inicio:  Viernes 16 de enero

 

TALLER DE HISTORIAS (VIRTUAL)

 

  • Horario: Lunes 6:30 a 8:30 pm. 
  • Lugar. Plataforma Meet. 
  • Costo:  Gratuito. 
  • Fecha de inicio Lunes 19 de enero

 

 

TALLER CREA-ACCIÓN LITERARIA ( VIRTUAL)

 

·         Horario: Sábados:  11:00  a 1 :00 pm.

·         Lugar. Plataforma Meet. 

·         Costo:  Gratuito.  (aportes voluntarios) .

·         Fecha de inicio Sábado 24 de enero

 

Información e inscripciones
https://forms.gle/VGsc47y8iEX5v5LW7



Información e inscripciones
https://forms.gle/W5dGzY3d6YKQ4kAn6



miércoles, 31 de diciembre de 2025

Hora de balances

La mayoría hacen sus balances cuando termina el año y se fijan metas para el nuevo. ¿Acaso no se dan cuenta de que cada día es una oportunidad para comenzar y que al final de este es cuando debemos hacer el balance?

No esperen hasta el proximo 31 de diciembre. Vivan la vida como si cada día fuera el inicio.

Por cierto, les tengo una revelación:

El año no se acaba los 31 de diciembre. Esta fecha es una convención que se inventaron hace muchos siglos y que algunos humanos toman como correcta. Hay que tener en cuenta que no todas las culturas celebran el fin de año el 31 de diciembre. Eso del 31 fue una imposición que fue posible mantenerla porque nos gusta cerrar ciclos (al menos eso dicen psicólogos y sociólogos).

Imagen creada por Google Gemini


Si se tiene en cuenta la ciencia, para la naturaleza el ciclo empezó el 21 de diciembre que es cuando La Tierra llega al solsticio (de invierno en el norte y de verano en el sur). Ese día, nuestro planeta llega al máximo punto de inclinación, (es la noche se más corta en el norte y más larga en el sur), para comenzar a equilibrarse nuevamente.


Por lo tanto, y siendo congruente con el resto de la naturaleza, hace mucho tiempo empecé mi nuevo año. 

Así que, volviendo al inicio de esta entrada, no se dejen engañar. No esperen hasta el 31 de diciembre. Tampoco esperen al 21 de diciembre:  Háganse responsables de sus balances y de sus proyectos cada día. Verán que lo pasarán muy bien. 



miércoles, 17 de diciembre de 2025

Vivir para los demás.


Se acerca la navidad y comienzan a circular mensajes de esperanza y paz. 

Uno de ellos llamó mi atención porque me veo plenamente identificado  con él. Hace pocos dias cumplí treinta y cinco años de ejercer la medicina y me gustó este texto escrito aparentemente por alquien que ejerció la enfermería. 

Vale la pena leerlo y reflexionarlo. 

El texto fue extraido de la página Global Wonder (en facebook).  No está firmado, pero se conceden todos los créditos al autor.  

Nadie detuvo jamás una reanimación cardiopulmonar para preguntarme cuál era mi promedio académico. Ninguna persona al borde de la muerte me tomó la muñeca a las tres de la madrugada, me miró a los ojos y dijo:

“¿Te graduaste con honores?”

Solo hacían una pregunta:

“¿Voy a estar bien?”

Mi nombre es Martha. Tengo 74 años. No tengo perfil en LinkedIn. Nunca di una charla TED. Conduje un sedán usado durante veinte años y mi fiesta de jubilación fue un pastel sencillo en la sala de descanso.

Pero durante cinco décadas, fui el último rostro que muchas personas vieron antes de partir, y el primero que vieron cuando lograron regresar. Fui enfermera de emergencias en una ciudad que nunca duerme, donde las sirenas nunca se detienen.

Recuerdo perfectamente el día en que entendí que el mundo había perdido el rumbo de sus prioridades.

Fue en una feria vocacional en una escuela secundaria, hace unos cinco años. El gimnasio estaba lleno. Olía a cera para pisos y a ansiedad adolescente. Miré a los otros expositores y me sentí pequeña.

A mi izquierda, un emprendedor tecnológico con una sudadera que probablemente costaba más que mi antigua hipoteca, hablaba de “disrupción del mercado” y “escalar sinergias”.

A mi derecha, un abogado corporativo con un traje italiano impecable repartía folletos brillantes sobre programas de prácticas.

Había también un asesor financiero mostrando gráficos de interés compuesto con un puntero láser.

Los estudiantes estaban hipnotizados. Tenían miedo a las deudas, hambre de estatus y desesperación por descubrir la fórmula para “ser alguien”.

Y luego estaba yo.

Llegué con mis viejos y cómodos uniformes, el estetoscopio colgando del cuello. Sin PowerPoint. Sin marca personal. Solo un gafete rayado por los años y unas manos resecas de tanto lavarlas.

Cuando llegó mi turno, el gimnasio quedó en silencio. No me coloqué detrás del podio. Caminé directamente hacia las gradas.

“No estoy aquí para enseñarles cómo ganar su primer millón”, dije. Mi voz tembló un poco y luego se afirmó.

“Estoy aquí para contarles lo que se siente ser la única persona despierta en un pasillo aterradoramente silencioso, escuchando el ritmo de un respirador y rogando que los pulmones de un desconocido se expandan solo una vez más”.

Los teléfonos dejaron de moverse.

“Estoy aquí para hablarles del olor del miedo”, continué.

“Y del silencio sagrado que cae sobre una habitación cuando un médico declara la hora de la muerte. De lo que significa sostener a una madre mientras grita de dolor. De lavar el cuerpo de un veterano sin hogar con la misma dignidad con la que tratarías a un rey, simplemente porque fue un ser humano y lo merecía”.

Los miré a los ojos.

“No es glamoroso. No tendrán una oficina en la esquina con vista al horizonte. Volverán a casa con los pies doloridos y el corazón roto más veces de las que quisieran.

Pero les prometo algo: jamás se preguntarán si su trabajo importó”.

El ambiente cambió por completo.

Las preguntas al empresario eran sobre salarios y acciones.

Las preguntas hacia mí eran distintas.

“¿Alguna vez tiene miedo?”, preguntó un chico con chaqueta deportiva.

“En cada turno”, respondí.

“¿Llora?”, preguntó una chica en primera fila.

“Lloro en el coche. Lloro en la ducha. Lloro porque me importa”, dije.

Cuando sonó la campana y el gimnasio se vació, un chico delgado, de cabello desordenado, se quedó atrás. Miraba sus zapatillas gastadas, arrastrándolas por el suelo.

“Mi papá es conserje”, susurró, como si fuera algo de lo que se avergonzara.

“En un gran edificio de oficinas. La gente pasa junto a él como si fuera invisible”.

Le brillaban los ojos.

“Llega a casa agotado. Pero dice que mantiene el lugar seguro. Que elimina los gérmenes para que los empleados no se enfermen”.

Tomé su mano con suavidad.

“Hijo, escúchame bien. Tu papá es un héroe. El mundo se detiene sin personas como él. Ya tenemos suficientes ‘visionarios’ en oficinas elegantes. Nos faltan personas dispuestas a hacer el trabajo duro e invisible que mantiene viva a la civilización. Cuidar a otros. Limpiar los desastres. Eso lo es todo”.

Vivimos en una cultura obsesionada con los títulos. Les enseñamos a nuestros hijos que el éxito es un nombre con verificación o un salario que cause envidia. Admiramos a los influencers y a quienes “rompen el sistema”.

Pero déjame decirte algo sobre el mundo real.

Cuando falla la electricidad en medio de una tormenta de invierno, un currículum no te salvará. Un electricista sí.

Cuando una tubería estalla y tu casa se inunda, un diploma no te salvará. Un plomero sí.

Cuando tu hijo tiene fiebre alta a medianoche, tu portafolio de inversiones no te salvará. Una enfermera sí.

Hemos olvidado la nobleza del servicio.

Hemos olvidado lo sagrado de lo esencial.

El invierno pasado recibí una carta.

Era de aquel chico del cabello desordenado. Ya no era un niño.

“Querida Martha”, decía.

“Estuve a punto de abandonar la escuela. Pensé que no era lo suficientemente inteligente y no quería ser invisible como creía que era mi padre. Pero recordé lo que usted dijo sobre la dignidad. Ahora soy paramédico. La semana pasada salvé a un hombre que tuvo un infarto en el metro. Nadie me pidió una tarjeta de presentación. Solo hice mi trabajo. Gracias por decirme que importaba”.

Leí esa carta sentada en mi cocina, con una taza de café tibio, y lloré.

Lloré porque él lo entendió.

Entendió el secreto que tantos persiguiendo el “sueño americano” nunca descubren.

El éxito no se mide por cuántas personas te sirven.

Se mide por cuántas personas sirves tú.

Así que aquí está mi súplica.

La próxima vez que hables con un adolescente, por favor, deja de preguntarle:

“¿A qué universidad vas?” o “¿Qué quieres ser?”

Pregúntale:

“¿A quién quieres ayudar?”

Cambia la métrica.

Y si te dicen:

“Quiero ser soldador”,

“Quiero trabajar con ancianos”,

“Quiero conducir un camión”…

No les respondas con una sonrisa condescendiente.

Míralos a los ojos. Diles que estás orgulloso. Diles que sus manos van a construir el mundo y a sanar lo que está roto. Diles que cuando llegue la oscuridad —porque siempre llega— no estaremos buscando a un CEO.

Estaremos buscando a alguien que decidió presentarse.

Los necesitamos.

Los necesitamos más de lo que jamás sabrán.


 

Créditos al autor original. 
La imagen fue generada por  inteligencia artificial (google gemini)