"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Las paradojas que me gustan

Siempre me han gustado las paradojas.  

Recuerdo haber tenido unos siete u ocho años cuando me encontré en un comic que hablaba de la paradoja de Aquiles y la tortuga. (Ya pueden ver el tipo de lecturas que había en ese entonces. Hasta mitología griega podíamos leer en una revista). Mi cabeza estalló tratando de comprenderla. El comic finalmente, demostraba en su última página que era posible que Aquiles sí sobrepasara a la tortuga si se contaba con el tiempo suficiente y no se quedaba en el ámbito infinitesimal. 

Con el correr de los años me apasioné con esas ideas aparentemente absurdas que tenían su lógica, y las he incorporado a mis textos.  

Muchos de mis lectores han descubierto varias paradojas, en especial relacionadas con el tiempo. En mi novela "Matar al lobo" planteo la paradoja del abuelo. En otros libros como "Cola de Cerdo, el suicida fallido" o en "El retrato del Señor Rossi", se plantean paradojas temporales que han  gustado a muchos seguidores. 

Esta semana les traigo un video de Pecas explica que trae unas interesantes paradojas. 

¿Y qué es una paradoja?

Una paradoja es una idea o un hecho que parece contrario a la lógica o al sentido común, pero que en realidad puede ser verdadero. Se basa en una contradiccion aparente que luego de una reflexión profunda adquiere sentido. 

Aquí van.  (se concede los creditos a Pecas Explica. 



0:00 El problema de Monty Hall
01:09 La paradoja del cumpleaños
02:07 El barco de Teseo
03:05 Aquiles y la tortuga
04:11 La paradoja del abuelo
05:13 El gato de Schrödinger
06:16 La paradoja del mentiroso
07:14 La paradoja del barbero
08:07 La paradoja de Simpson
09:11 La paradoja del montón
10:08 La paradoja de Fermi
11:17 La paradoja de la tolerancia
12:18 La paradoja de la elección
13:17 La paradoja de Banach-Tarski

Ver también 


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Tribulaciones de un espía cercano: Emilio Alberto Restrepo Baena

Tribulaciones de un espía cercano: cuando la historia se cuenta desde las sombras

Emilio Alberto Restrepo — Fondo Editorial IUE, 2025


Hay novelas que buscan inventar mundos y hay otras que parecen decirle al lector: cuidado, esto pudo haber ocurrido mucho más cerca de lo que usted imagina. Tribulaciones de un espía cercano, del médico y escritor antioqueño Emilio Alberto Restrepo, pertenece a ese segundo grupo.

Publicada en 2025 por el Fondo Editorial de la Institución Universitaria de Envigado, la novela tiene como protagonista a Nicanor, un exguerrillero que, a los sesenta años y ya retirado de la militancia, reconstruye su trayectoria como agente secreto vinculado a las izquierdas latinoamericanas de los años setenta. 

Reclutado desde joven por una mujer a la que el aspiraba conquistar, Nicanor fue enredándose en el mundo de la revolución y de las izquierdas de los años 70s y 80s para convertirse en el primer agente secreto colombiano auspiciado por países de la llamada Cortina de Hierro. Participó en misiones destinadas a liberar presos políticos de diferentes dictaduras del continente, entre ellas la de Anastasio Somoza en Nicaragua.

Pero reducir el libro a una novela de espionaje sería quedarse en la superficie.

El espía que no parece un espía

Una de las decisiones más interesantes de Restrepo, consiste precisamente en alejarse del modelo tradicional del espía literario o cinematográfico, y mostrarlo como alguien cotidiano, al mejor estilo de John Le Carré.   

El lector no encontrará un agente elegante, sofisticado y cosmopolita que se mueve por embajadas, hoteles de lujo y despachos donde se decide el destino del mundo como lo suelo plantear Hollywood. Nicanor pertenece a otra geografía: la de la militancia latinoamericana, las organizaciones clandestinas, las ideologías revolucionarias y las dictaduras que marcaron buena parte de la historia política del continente durante la segunda mitad del siglo XX.

Por eso el título resulta particularmente significativo.

El espía es “cercano” porque no pertenece a un universo remoto. Está situado en nuestra propia historia latinoamericana. Podría haber transitado por ciudades que reconocemos, por conflictos que forman parte de nuestra memoria política y por una época que, aunque parezca distante, todavía proyecta sus sombras sobre el presente. Incluso, lo reconocemos por noticias que hemos leído o por anécdotas que hemos escuchado.

La novela desplaza así el espionaje desde el territorio de la espectacularidad hacia el de la memoria.

Y ese desplazamiento cambia la pregunta fundamental: ya no interesa solamente saber qué misión cumplió el espía, sino qué queda de un hombre después de haber vivido durante años bajo el signo de la clandestinidad, la lealtad y la sospecha.

Una novela entre la ficción y el testimonio

La denominación de novela-testimonio es fundamental para aproximarse al libro.

Emilio Restrepo no pretende  establecer una frontera rígida entre documento y ficción. Todo lo contrario: el relato parte de una historia que, según ha contado el propio autor, está basada en las experiencias de un hombre que realmente fue espía. 

Esa circunstancia introduce una tensión literariamente fértil: el lector sabe que está ante una novela, pero al mismo tiempo la narración reclama una relación con acontecimientos históricos y políticos reconocibles.

Es precisamente ahí donde aparece una de las posibilidades más interesantes del libro: la ficción como mecanismo para recuperar una zona de la historia que no suele aparecer en los relatos oficiales.

El espionaje, por definición, deja pocos documentos públicos. La clandestinidad produce silencios. Las operaciones secretas generan versiones contradictorias. Y los militantes que sobrevivieron a aquellas décadas llevan consigo recuerdos que no necesariamente coinciden con la historia escrita desde los archivos estatales.

La novela puede entonces hacer algo que el documento histórico no siempre consigue: ponerle voz a alguien que estuvo dentro.

De la ideología al desgaste

La sinopsis de la editorial resume el arco vital de Nicanor con tres palabras: militancia, auge y decadencia.

Ese recorrido resulta más importante que las propias operaciones de espionaje, porque una novela de este tipo puede leerse también como la historia de una transformación ideológica. El joven que entra a la militancia no es necesariamente el mismo hombre que, décadas después, recuerda lo ocurrido.  Aquí es donde la novela de Emilio Restrepo toma valor: ¿qué ocurre cuando una persona dedica una parte fundamental de su vida a una causa y, con el paso del tiempo, debe enfrentarse a lo que esa causa hizo de ella?

La clandestinidad puede exigir disciplina; la militancia, obediencia; el espionaje, silencio. Pero ninguna de esas cosas son gratuitas.  El precio - y las consecuencias- terminan siendo íntimas.

Por eso el verdadero conflicto de Nicanor no parece estar solamente en las supuestas dictaduras contra las que combate, sino también en la relación entre el hombre que fue y quería ser, y el hombre que ahora recuerda haber sido.

El humor como estrategia narrativa

Hay otro elemento que merece atención en esta obra: el humor.

En manos de otro escritor el material narrativo podría prestarse fácilmente para una novela solemne: guerrillas, dictaduras, espionaje internacional, presos políticos, operaciones clandestinas y Guerra Fría, pero  Emilio parece optar por otro camino. El humor inmerso en la narración permite que la historia  respire y, sobre todo, evita que el personaje quede convertido en una figura heroica de una sola pieza. Y esto es muy importante: cuando una novela trabaja con militantes, revolucionarios, agentes secretos o combatientes, existe siempre el riesgo de convertirlos en héroes o villanos dependiendo de la posición ideológica desde la cual se cuenta la historia. El humor puede romper esa rigidez y devolverle al personaje algo esencialmente humano: sus contradicciones.

La historia política vista desde abajo

Uno de los atractivos de Tribulaciones de un espía cercano es que permite aproximarse a la Guerra Fría desde una perspectiva latinoamericana y, más concretamente, desde una experiencia colombiana. No se trata de contar la historia de las grandes potencias, sino de observar cómo las tensiones ideológicas internacionales podían convertirse en decisiones concretas para individuos específicos.

La Cortina de Hierro deja entonces de ser solamente una expresión de los libros de historia, para convertirse en viajes, clandestinidad, instrucciones, contactos, riesgos y decisiones personales.  En ese sentido, la novela dialoga con una tradición latinoamericana de narraciones donde la historia política se reconstruye a partir de individuos marginales, testigos, sobrevivientes y personajes que estuvieron cerca de acontecimientos que oficialmente suelen contarse desde otra perspectiva.  En este punto, el espía se convierte así en una especie de testigo privilegiado, pero también en un testigo poco confiable, porque toda memoria es también una construcción.  Recordar no necesariamente significa decir exactamente lo que ocurrió.

Uno de los temas comunes en la obra de Emilio Restrepo es la novela negra. Su detective Joaquín Tornado, aparece en varios de sus libros. Con esta novela se da un giro interesante: ahora es el espía quien habla. Además aquí introduce una variante importante: El delincuente, el detective o el personaje marginal pueden ser observados desde fuera. El espía, en cambio, vive de ocultarse.  Es un personaje construido alrededor del secreto.

Lo interesante de esta narración es que nos permite preguntarnos qué verdad puede contar un hombre que ha pasado buena parte de su vida aprendiendo a ocultarla.

Esa paradoja convierte al protagonista en un personaje literariamente atractivo. El espía sabe que la información tiene un precio. Sabe que recordar puede comprometer. Sabe que contar una historia significa también seleccionar qué se dice y qué se calla.  

De ahí que el lector pueda enfrentarse a la novela con una doble actitud: escuchar al narrador y, simultáneamente, desconfiar de él. No porque necesariamente mienta, sino porque todo relato autobiográfico es una negociación entre memoria, identidad y verdad.

El lenguaje de la oralidad

Otra característica de este libro es que su escritura no hace gala de cultismos. El personaje habla como habla su autor,  con un lenguaje cotidiano desprovisto de cualquier pomposidad. Esa característica se convierte en una herramienta narrativa que apunta a la verosimilitud. El protagoninsta deja de ser una figura distante y comienza a comportarse como alguien que se sienta frente al lector y cuenta su historia. Y contar una historia oralmente implica digresiones, recuerdos incompletos, cambios de ritmo, asociaciones inesperadas, exageraciones, silencios y contradicciones.  Eso resulta especialmente apropiado para una novela-testimonio.

El lector puede estar seguro de que luego de leer este libro verá la historia reciente del país con otros ojos. Y, quién sabe, dudar de si el vecino o el compañero de trabajo es realmente, lo que dice ser.  


Emilio Alberto Restrepo Baena. 

Emilio Alberto Restrepo Baena.  Medellín.  Médico y cirujano, especialista en ginecoobstetricia, y subespecialista en laparocopia. Tiene amplia experiencia como  conferencista. 

Es especialista en literatura comparada,  y tiene una  larga trayectoria que abarca novela, cuento, literatura negra, temática urbana, literatura médica y ensayo. Columnista en varias revistas culturales, como Revista Cronopio, Agenda cultural UdeA, etc y tiene un blog dedicado a decálogos literarios. También ha incursionado en el estudio del Cine y de la música. 

www.decalogosliterarios.blogspot.com

Serie de YouTube Consejos a un joven colega.

Cuentos Leídos por el autor: https://emiliorestrepo.blogspot.com/2015/06/cuentos-leidos.html

Twitter: @emilioarestrepo


miércoles, 2 de septiembre de 2026

La historia clínica, todo un cuento. Reseña por Emilio Alberto Restrepo

Comparto una reseña del libro LA HISTORIA CLÍNICA TODO UN CUENTO, escrita por el médico y escritor Emilio Alberto Restrepo Baena y publicada en la Revista Anales de Academia,  de la Academia de Medicina de Medellín. 


Para quienes tengan dificultad para leer el formato revista, mas abajo transcribo el texto. 



RESEÑA CRÍTICA DEL LIBRO LA HISTORIA CLÍNICA, TODO UN CUENTO  de Carlos Alberto Velásquez Córdoba* 

Emilio Alberto Restrepo**

** Médico ginecoobstetra-laparoscopista (UPB-UdeA-CES). Especialista en Literatura Comparada (UdeA, 2023) y magíster en Literatura (UPB, 2025). Profesor universitario (UPB-ITM). Autor de veinte artículos científicos y veinticinco libros.

En su ensayo La historia clínica, todo un cuento, Carlos Alberto Velásquez Córdoba (1966), médico y escritor antioqueño de dilatada trayectoria como cuentista y profesor de escritura creativa, realiza un movimiento audaz y profundamente original: rescata la historia clínica —ese documento que la rutina, la pereza, la ignorancia o la mecanización han vuelto casi un trámite— y la devuelve a su condición esencial: un relato sobre el dolor y la condición humana. El autor propone algo inusual en la literatura médica latinoamericana: leer la historia del paciente como una historia literaria y comprender el acto clínico como un proceso narrativo. No se puede negar que es un planteamiento audaz y muy original.

La idea no es caprichosa. Como lo han seña- lado Fernando Garcés Samudio, cirujano e historiador, y Memo Ánjel, filósofo y narrador, el libro se inserta en una tradición que conecta medicina, antropología, literatura y filosofía. Garcés destaca que el autor aborda la historia clínica desde una perspectiva inédita, fresca y encantadora, y que, además, se maneja con soltura entre Homero, Imhotep, Hipócrates y Gilgamesh. Ánjel, por su parte, ve en el libro una reflexión más amplia: toda cultura —incluida la medicina— se levanta sobre un relato; toda historia humana es, de alguna manera, una historia clínica del mundo.

Velásquez se mueve con gracia y solvencia académica entre estos universos. No solo narra el origen biológico y evolutivo del lenguaje, sino que traza una línea continua entre los prime- ros papiros médicos egipcios —Edwin Smith, Ebers— y la práctica clínica contemporánea. En su rastreo, Velásquez demuestra que la historia clínica deja de ser una plantilla y se vuelve un cuento en el sentido más riguroso de la palabra: tiene un protagonista (el paciente), un conflicto (los síntomas), un investigador (el médico), una trama (la evolución clínica), y un desenlace (el diagnóstico).

El autor confirma que el médico es, ante todo, un organizador del caos, un intérprete de relatos; alguien que debe escuchar, seleccionar, reconstruir y narrar con precisión, como lo haría cualquier escritor serio. Y aquí radica el valor pedagógico del libro: enseñarle a las nuevas generaciones que sin un buen relato no hay buen diagnóstico; que detrás de cada examen, protocolo o algoritmo hay un ser humano que cuenta una historia sobre su dolor.

Una de las virtudes del texto es su estilo. Lejos de sonar técnico o distante, el libro fluye con humor, ironía, amenidad y una erudición bien dosificada. Velásquez logra explicar al lector lego cómo la escritura médica se desvió hacia la mecanización, y cómo recuperar su carácter narrativo podría humanizar de nuevo la medicina. El resultado es un libro que se disfruta tanto por su contenido como por su prosa.

Al terminar de leerlo, se concluye con entusiasmo algo decisivo: este no es un libro solo para médicos. Su interés se expande a cual- quiera que quiera comprender por qué los seres humanos contamos historias, cómo la narrativa organiza el mundo y qué sucede cuando una profesión olvida su raíz humanística. En ese sentido, La historia clínica, todo un cuento es interdisciplinario en el mejor sentido: une historia, filosofía, literatura y ciencia con naturalidad y profundidad.

La obra merece ser recomendada porque cumple una función doble: ilustra y sensibiliza. Ofrece una visión renovada de la práctica médica, devuelve dignidad al acto de escribir la historia clínica y recuerda que toda buena medicina empieza por una buena historia. Al mismo tiempo, se inserta en la tradición de los médicos escritores —de Rabelais a Chéjov, de Lewis Thomas a Oliver Sacks— haciendo un aporte propio, local, creativo y necesario.

En un momento en que la medicina corre el riesgo de volverse una disciplina algorítmica y deshumanizada, Velásquez nos recuerda, con rigor  y belleza, que escuchar y narrar siguen siendo herramientas diagnósticas y éticas fundamentales. Su libro no solo enseña: reencanta.

En suma, La historia clínica, todo un cuento es una obra original, inteligente, sensible y muy bien escrita, que invita a leer mejor, escuchar mejor y, sobre todo, ser mejores médicos y mejores narradores de la vida humana. ▣




* Velásquez Córdoba, Carlos Alberto (2025) LA HISTORIA CLÍNICA, TODO UN CUENTO Corporación universitaria Remington, 188 p.