"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 22 de julio de 2026

Palabras de moda: Piedad Bonnett

El lenguaje es un ser vivo que se va transformando en la medida en que pasa el tiempo.  Algunas palabras desaparecen, otras adquieren otro significado y otras nuevas llega a engrosar los diccionarios. 

En algunas entradas de este blog he dedicado algunas lineas a aquellas palabras que intentan imponernos casi a la fuerza unos subgrupos específicos.  Palabras como "direccionar" en lugar de "dirigir", "aperturar" en lugar de abrir, o "vehiculizar" en vez de "transportar". 

Esta semana les traigo un excelente artículo de la escritora colombiana Piedad Bonnett, sobre las modas en las palabras.  Este articulo fue publicado en el periódico El Espectador, a quien concedo todos los créditos. 

Espero lo disfruten.  (abajo encontrarán la transcripción) 



Palabras de moda.  

por Piedad Bonnett.

Las palabras son seres vivos que nacen, mueren y hasta se reproducen. El tiempo se lleva unas para siempre, aunque el diccionario las inmortaliza, y trae otras, que aparecen impelidas por descubrimientos, tecnologías, modas. Los jóvenes de hoy ya no saben qué es un azafate, ni dicen alharaca, taburete o alcanfor. Mis estudiantes quedaron patidifusos cuando les pedí que se hicieran en corro. Pero hoy usan con naturalidad neologismos como guglear, espóiler, milenial. Y en el habla coloquial abundan las palabras chispeantes, imaginativas, ingeniosas pero perecederas, que crean las jergas generacionales, y que abren abismos entre adultos y jóvenes.

Y hay términos que se imponen por moda y empiezan a invadirlo todo como mala yerba. La academia y ciertos circuitos literarios y artísticos son especialistas en acuñar algunos. La antipática palabra resiliencia, un anglicismo nacido del latín resiliens, ha sido una de las más resilientes. Pareciera tener más caché que sus sencillos sinónimos resistencia o fortaleza. Hasta no hace mucho “territorio” invadió arrasadora las artes plásticas, acompañada de palabrejas con ínfulas: territorios transformativos, identitarios, cardinales. Deconstrucción, un concepto del filósofo francés Derrida, se extendió a todos los territorios, valga esa palabra, y llegó incluso a aplicarse a la gastronomía, de modo que hoy podemos ser invitados a probar “cocina deconstruida”.

Pero no apuntemos tan alto: ahora a todo enunciado que alguien hilvana se le llama narrativa. La izquierda tiene una narrativa, la derecha otra, y hasta el centro tiene narrativa. Y de un momento a otro todo tiene trazabilidad, un término aportado por lo empresarial, como el horrible emprendimiento. En cuestión de verbos hay verdaderas joyas como transicionar, aperturar y recepcionar. Y los manuales de autoayuda juntan dos términos de dos mundos opuestos: tramitar las emociones. El feminismo, por su parte, entre muchos otros términos que nombran lo nunca antes nombrado, y que por tanto son útiles a pesar de su fealdad, aporta dos que yo no soporto (porque uno tiene derecho a odiar o a amar las palabras): sororidad y maternar. Ahora las mujeres maternan y me imagino que los hombres paternan. No olvidemos el horrible empoderamiento, del inglés empowerment. Y ya algo no es poderoso, sino potente, y las mujeres dejaron de ser aguerridas para ser guerreras.

Juntanza es ahora usada por muchos, como también mayoras y ancestras. Y entre las más manoseadas y aplicadas de cualquier manera, están nazi y fascismo, y la pobre Patria, que se debe pronunciar con la mano firme en el corazón grande, o haciendo un saludo militar. Ya en los restaurantes colombianos no se dice señora o señorita sino dama, y el vendedor que en otros tiempos nos decía cariñosamente madrecita ahora nos dice veci. También encontramos, como producto del rigor técnico y del respeto por el medio ambiente, al “individuo arbóreo”, un miembro del arbolado urbano, hermano del más clásico “cuerpo hídrico”. Y como producto de otro rigor, el castrense, apareció una nueva forma de decir hombre o mujer, de la que me enteré en el reporte televisivo de un militar que daba cuenta de un crimen, en el que murieron “un masculino y una femenina”. Todo se vale.


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miércoles, 15 de julio de 2026

Democracia y voto

Hace mas de seis años escribí en este blog que Sócrates tenía dudas con la democracia porque para él, había mucho peligro en que las personas decidieran sobre temas de los que sabían poco. (Leer acá)

En otras palabras, tenia miedo de que los imbéciles, por ser mayoría, tomaran decisiones no acertadas. 

En julio de 2026, una influencer se volvió viral porque dijo que para votar se deberia tener educación. Muchos se volvieron en contra de ella. Yo por el contrario creo que Sócrates y ella tienen razón.

Siempre hemos creido que en la antigua Grecia había una democracia total. Eso nos han enseñado y es falso.  La gloriosa Grecia lo fue, porque solo quienes tenian la paideia, (educación) podían votar. Los esclavos, los siervos no tenian derecho a decidir el futuro de su ciudad. Solo quienes habían recibido instrucción y conocían cómo funcionaba una ciudad tomaban decisiones.  En ese entonces se le llamaba "Aristocracia" es decir "el gobierno de los mejores" (mejores en términos de virtud, sabiduría y capacidad.). Infortunadamente, a través de los años el término se ha usado en forma despectiva por los resentidos sociales  que carecen de capacidades, virtudes o sabiduría. 

Lo cierto es que en las plazas de la antiguedad (el ágora griega o en el foro romano)  se dialogaba y se discutía. Se miraban puntos de vista. Pero la momento de tomar decisiones, eran los mejores quienes votaban y decidían. 

La democracia implica escuchar todos los puntos de vista pero no necesariamente elegir lo que la mayoría quiere. 

Sé que suena elitista, pero imagina una empresa de mil trabajadores donde se les da la posibilidad de elegir su salario. ¿Cuantos de esos trabajadores caerán en el error de duplicarse el salario, sin caer en la cuenta que la empresa quebraría al cabo de algunos meses?  

Algunos, mas sensatos, podrían descubrir los peligros de duplicarse el sueldo y recomendarían un discreto aumento a cambio de mantener su trabajo a largo plazo.  Pero en una votación en la que la mayoría cree que el gerente se enriquece a su costa (desconociendo los gastos legales y extralegales de producción), probablemente se escogerá el beneficio inmediato de duplicarse el salario, dejando a la empresa (y a ellos) sin futuro en unos pocos meses. 

Y es que tomar decisiones implica conocer bien las causas y consecuencias de lo que se decide.

Un piloto no tiene por qué preguntar a sus pasajeros como volar un avión. (Imagínalo haciendo una encuesta a sus pasajeros sobre bajar los flaps o aumentar la potencia al motor). Un cirujano que opera una vesícula no pregunta a los familiares si debe cortar el cístico o no, o si debe cerrar la piel con grapas, con seda, o con sutura de polipropileno.

Cuando se toman decisiones en un staff quirúrgico solo vota quien sabe. Es posible que la persona encargada del aseo quiera dar alguna opinión, pero no será tenida en cuenta a menos que se trate de algo relacionado con el aseo del quirófano. Bajo ninguna circunstancia su voto será válido al decidir abordaje quirúrgico. Las decisiones verdaderamente importantes no pueden ser tomadas segun lo que una mayoría no calificada decida. Toda votación requiere que sus votantes estén calificados para evaluar el tema que se debe resolver. 

Igual debería ocurrir en la administración púbica:  cualquier persona puede tener voz, pero solo deben decidir los que conocen del tema.

Aquí les dejo la última reflexión. 


miércoles, 8 de julio de 2026

Un mensaje en el recibo

Accidentalmente me encontré este video en facebook y me pareció bellisimo. Habla de la soledad y de cómo alguien con un mínimo gesto puede alegrar la vida a otra persona. Habla de los seres humanos y de la humanidad misma. 

Lo comparto aclarando que el texto no es mío y que fue tomado de las redes sociales, especificamente del muro de Luis Carlos Echeverry a quien agradezco por este mensaje. 

Desconozco el autor del texto y la identidad de quien lo lee.  A ellos, todo mi agradecimiento. 




miércoles, 1 de julio de 2026

Escuela de Frankfurt y la batalla cultural

Tengo amigos de izquierda que aseguran que en la derecha no hay pensadores.  

Claro que los hay.  Lo que ocurre es que no necesitan gritar y destruir, para hacerse notar.  

Uno de ellos es Sir Roger Scruton. Y pongo a propósito su título porque sé que esto levantará ampollas en los de izquierda. Para ellos es otro más del "establishment".  Este filosofo y escritor fue uno de los primeros en llamar la atención sobre un tema que para muchos pasó desapercibido. El origen del progresismo que ahora vemos en todas partes. Para él, la Escuela de Frankfurt destruyó occidente  (ver video)

Uno de los problemas que hemos tenido en la derecha es que no consumimos información de la izquierda. Podrás ver a un socialista leyendo la biblia para atacarla y destruirla pero muy pocos de la derecha nos hemos puesto en el trabajo de leer El Capital o el Manifiesto comunista, y mucho menos los postulados de La Escuela de Frankfurt.  Si no lo leemos, (y mucho menos lo entendemos) ¿Cómo vamos a contravertir sus tesis?

Desde hace muchos años, nuestros jóvenes son aleccionados para que ingresen en las huestes de izquierda. En eso nos han tomado ventaja. Y esto no es al azar. La famosa Escuela de Frankfurt hizo algo que a nadie se le habia ocurrido.  Los jóvenes son rebeldes por naturaleza. Había que explotar ese ímpetu juvenil en favor de sus ideologias. 

La escuela de Fraknfurt, tomó la revolución económica marxista, un modelo que había fracasado en varias partes donde se había implementado y la transformó en una revolución cultural gradual a través de las instituciones.  

Ellos descubrieron que el capitalismo estaba fundamentado en la familia tradicional, la moral, la religión y la educación, y concluyeron que mientras la clase trabajadora defendiera dichos aspecto no habría "revolución". 

Descubrieron, además que ya no se trataba de una lucha de proletarios contra la élite, sino que había que buscar otros enfrentamientos: Pobres contra ricos, trabajadores contra empresarios,  negros contra blancos,  mujeres contra hombres, minorías contra mayorías. 

De hecho en Colombia, eso fue lo que buscó la Constitución del 91: Pasamos de una constitución que promulgaba que todos los colombianos eramos iguales en derecho, a una constitución donde las mujeres tienen mayores beneficios (por ser vulnerables). La constitución actual es victimista: favorece a los afrodescendientes, a los indígenas, a las mujeres, a los ancianos, porque los volvió "vulnerables". Nuestra actual constitución es el resultado de una batalla cultural que lleva muchos años gestándose y que muy pocos hemos denunciado. 

En el video que les comparto a continuación se cuenta la historia de la Escuela de Frankfurt en Alemania, cómo se trasladó a los Estados Unidos, y cómo fueron tomando fuerza los postulados de los seis principales ideólogos de la revolución cultural.  El video analiza, desde el punto de vista de Scruton, la guerra cultural que se gestó en dicha escuela.  

Max Horkheimer y Theodor Adorno: Crearon la Teoría Crítica, una herramienta metodológica orientada a desmantelar y criticar las normas de la sociedad occidental sin proponer alternativas constructivas.  En su libro Dialéctica de la Ilustración (1944), argumentaron que la razón y el progreso occidental esclavizan en lugar de liberar.

Herbert Marcuse: Considerado el más influyente y "padre de la nueva izquierda", fusionó a Marx con Freud. Sostuvo que la moral sexual y la familia monógama sirven para reprimir al individuo y moldearlo como mano de obra obediente. Además, al notar que los obreros eran conservadores, propuso buscar nuevos sujetos revolucionarios en los estudiantes, las minorías raciales y las feministas.

Erich Fromm: Utilizó el psicoanálisis para argumentar que las estructuras familiares tradicionales generan personalidades autoritarias o fascistas.

Wilhelm Reich: Defendió la liberación sexual radical, afirmando que la represión de la sexualidad es la base del estado fascista.

Walter Benjamin: Enfocado en la estética, propuso acabar con el concepto del arte clásico tradicional (elitista) para transformarlo en una herramienta de propaganda y activismo político. 

Para lograr dichos cambios en la sociedad, se hizo una Infiltracion institucional. En las décadas de 1950 y 1960, discípulos de la escuela impulsaron la estrategia de infiltrar paulatinamente las universidades, los medios, la educación y el arte para cambiar la mentalidad social desde adentro. Esto detonó directamente las protestas estudiantiles de 1968.

Fusión Posmoderna (Años 80 y 90): La Teoría Crítica se mezcló con el posmodernismo francés (Foucault, Derrida), negando la existencia de la verdad o de la naturaleza biológica, y reduciendo todas las interacciones humanas a construcciones de poder.

El Legado Actual: El video sostiene que movimientos contemporáneos como la Critical Race Theory (Teoría Crítica de la Raza), las ideologías de género actuales, las políticas de identidad, el victimismo y la cultura de la cancelación son la evolución directa del aparato ideológico diseñado hace un siglo por la Escuela de Frankfurt, aplicados hoy con la tecnología de las redes sociales.

Esto ocurrio progresivamente. En Colombia, por ejemplo, las universidades y colegios están en manos de una izquierda que repite las ideas marxistas (la mayor de las veces sin entenderlas). Repite los postulados de que lo importante no es la familia sino los colectivos, que la biología es inferior a la ideología. La izquierda ha secuestrado las artes, las letras, el cine, la literatura. Para ser considerado intelectual se debe profesar ideas de progresismo. De lo contrario los colectivos culturales acaban destruyendo al que no comparte sus ideologías. 

Afortunadamente hemos tenido pensadores que han hecho frente esta batalla cultural (Roger Scruton, entre ellos).  La batalla aún no está perdida.  Pero tenemos que conocer muy bien a quienes enfrentamos.  

El video que comparto es tomado del canal "La voz de Scruton", a quien concedo todos los créditos. 


Ver también

Todas las personas normales son conservadoras

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