"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 27 de julio de 2022

Construcción de diálogos literarios

El diálogo es la forma como nuestros personajes se comunican entre sí. De ahí su importancia. No es lo mismo que un narrador cuente lo que conversan, que poner a nuestros personajes a conversar entre ellos teniendo al lector como testigo de lo que se dicen entre sí. 

A continuación, te traigo algunas recomendaciones al escribir diálogos:  

Evitar diálogos banales o intrascendentes: 

Todo diálogo entre los personajes debe cumplir una función: Informar al lector algo que desconoce y debería conocer. Si ya el narrador dejó claro que era de noche, no justifica que el personaje lo diga en su diálogo. Por el contrario, si hace frío, y ello es importante para la historia que se narra y el narrador aun no lo dice, es útil que el personaje lo exprese. 

Espontaneidad y sentimiento. 

Todo lo que diga un personaje debe sonar como una expresión espontánea y sincera. Los peores diálogos son aquellos que simplemente citan cifras o datos desprovistos de toda emoción. Recuerdo un texto de alguien que ponía a un muchacho de la calle a conversar con otro indigente:  

―¿Por que te vas tan pronto?

―Es que a mí no me gusta pernoctar por estos lares. 

¿En serio, un indigente hablaría así?

Verosimilitud

Un diálogo debe ser verosímil. En un dialogo hay dos o más personas conversando. Y las personas se dicen cosas que en la vida real se dirían en uno al otro. Muchos principiantes fallan en sus diálogos porque ponen a sus personajes a contarse cosas que ellos ya saben. El lector seguramente se va a enterar de algo, pero ¿era necesario que los personajes se dijeran cosas que ellos ya saben y que que si fueran reales no se dirían?  Imagina una pareja conversando en un parque: 

―A tus treinta y un años estas hermosa. Te luce ese vestido de seda color aguamarina, que combina con tus pendientes color nácar, y ese bolso de marca Gucci que costó una fortuna.

―Gracias, Juan, y tú a los cincuenta te ves muy bien, sobre todo con ese traje azul oscuro, con botones de marfil, y ese reloj dorado de marca Rolex que usas. Me gusta esa loción de Hugo Boss que compraste en tu último viaje a Panamá, en septiembre de año pasado, en el que te robaron la maleta de piel de cocodrilo. 

¿Verdad que suena empalagoso y poco creíble?  Con certeza podemos afirmar que el lector se enteró de muchos datos, pero también, que no aguantará mucho leyendo el texto. 


Avance

Todo diálogo debe hacer avanzar la historia.  Si un diálogo no permite avanzar en lo que se narra hay que cortarlo de tajo.  Muchos diálogos suenan acartonados porque no permiten un desarrollo de la narración. 

Diálogo y acción

Generalmente, uno no dialoga con alguien permaneciendo quieto. Casi siempre alguien camina, mira, gesticula, toma café, muerde una tostada, odia o ama...  Mientras se conversa, la gente suele estar viva. Por eso, hacer que un personaje ejecute alguna acción mientras conversa, puede hacer que el mismo se vuelva verosímil. 

―Mas vale que te vayas y no regreses ― dijo ella, apretando los puños con rabia. 

Construir una voz distinta para cada personaje: 

No todos hablamos de la misma forma. Un abuelo tendrá dichos y máximas antiguas, mientras que su nieto utilizará neologismos y palabras modernas.  Aqui, el escritor deberá convertirse en un actor y representar el papel de cada personaje, imaginando cómo hablaría cada uno de ellos y marcaría las diferencias que le confieren verosimilitud.

Lenguaje directo:  

Un diálogo no debe ser usado como pretexto para prolongar innecesariamente el número de folios.  Al lector promedio le resulta tedioso encontrar veinte líneas de dialogo que no avanzan en la historia, y que no dicen nada. 

―Hola.

―Hola.

―¿Cómo estás?

―Muy bien, ¿y tú?

―Yo bien, gracias... ¿y tu familia?

―Mi familia, bien, ¿y la tuya?

―La mía, perfectamente.

―Me alegra. 

―Oye...

―Si, dime, 

¿Te puedo preguntar algo?

―Sí, claro, cuéntame... 

―¿No te molesta?

―Para nada...

―Es que, no sé si deba...

―Dale, no hay problema. 

―Bueno, aquí va mi pregunta: ¿Te diste cuenta de que el lector se aburrió de leer este diálogo que no conduce a nada?

No abusar de las explicaciones.

Un diálogo debe ser fluido.  Cuando alguien responde, no es necesario que lo escribas. Un error muy frecuente es el terminar cada linea de diálogo con  “dijo”, "respondió", "exclamó",  "contestó".  Igual ocurre con terminos similares: “gritó”, “repitió”, “espetó”, “barruntó”…  Hay que revisar si realmente son necesarias dichas explicaciones. 

Interlocutores. 

Cuando se tienen varias personas inmersas en un diálogo, debes dejar claro quién habla y a quién se dirige. Puede que el autor lo tenga claro en su cabeza, pero para el lector, es importante ciertas claves que le ayuden a entender la dinámica de la conversación. Para ello es importante hacer alusiones y explicaciones.  

A continuación, dejo un texto de Umberto Eco, donde explica las formas de establecer diálogos donde los interlocutores se convierten en seres reales y diferenciados: 

"Dos personajes se encuentran y uno le pregunta al otro que cómo está. El otro responde que no se queja y pregunta su vez qué tal está el primero. Como veremos enseguida, hay muchas formas en las que puede ser presentada esta conversación, y no todas son iguales:

A:     

¿Cómo estás? 

No me quejo, ¿y tú?

B:      

¿Cómo estás? dijo Juan. 

No me quejo, ¿y tú? dijo Pedro.

C:     

¿Cómo estás? se apresuró a decir Juan. 

No me quejo, ¿y tú? respondió Pedro en tono de burla.

D:   

Dijo Juan: 

―¿Cómo estás?

No me quejo respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa indefinible: ¿Y tú?

Umberto Eco propone un par de ejemplos más, pero estos cuatro son suficientes. A y B son prácticamente idénticos, pero C y D son muy distintos a estos y, a la vez, muy diferentes entre sí. Como vemos, la mano de un narrador se mete en mitad de la conversación y altera completamente el efecto que nos produce ésta. En C y D vemos unas connotaciones en la respuesta de Pedro que están completamente ausentes de A y B.



En resumen: 

Los diálogos, en todos los casos, deben ser espontáneos y creíbles. Un buen escritor de diálogos es alguien entrenado para escuchar. No hay nada tan inverosímil en una película, que el momento en que el villano decide contarle a la víctima la razón por la cual lo va a matar. ¿En serio? ¿De verdad crees que en la vida real un hombre que te va a robar la billetera va a establecer una conversación profunda contigo para explicarte que su robo es producto de la desesperación existencial, porque fue un bebé no deseado, sufrió una niñez marcada por el maltrato y que por esa razón no ha podido encontrar otra forma de ganarse la vida?

La mayoría de la comunicación entre los humanos es a traves del diálogo. Posiblemente el día de hoy estuviste conversado con varias personas sobre diferentes temas antes de leer este blog y hablarás con alguien más, luego de esto. Aprende a escuchar lo que te dicen y lo que tu dices a los otros.  No hay nada más natural que una conversación espontánea. De manera que, si quieres escribir diálogos, no sobreactues. Escríbe la conversación tal como la tendrían tus personajes si fueran reales.   

Por último, te dejo unos consejos técnicos sobre cómo escribirlos.   (al final agrego una bibliografia adicional que puede ayudarte) 

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Estructura de los diálogos 

(tomado del blog Cómo escribir correctamente)

Los diálogos, para diferenciarlos de la narración, van precedidos por una raya ("—" distinto del guion, o símbolo menos, "-"), y nunca terminan en raya, sino en el signo de puntuación correspondiente: punto y aparte, cierre de interrogación, cierre de exclamación o (menos habitualmente) dos puntos o punto y coma.

"—Estoy algo cansado."

Obsérvese que no hay espacio entre la raya y la primera letra.

Para introducir una aclaración del narrador, se utiliza también la raya:

"—Estoy algo cansado —dijo él."

"—Estoy algo cansado —dijo él—. Me voy a mi casa."

Teniendo en cuenta que hay que diferenciar dos casos:

1.-La intervención del narrador hace referencia a un verbo o acción del habla o el pensamiento ("dijo él", "pensó ella", "replicó su amigo", etc.).

Se deja un espacio en blanco entre el final de la frase y la raya, y la frase del narrador comienza sin espacio entre la raya y ésta: "cansado —dijo él."

La frase comienza en minúsculas:“ —dijo él."

El signo de puntuación correspondiente a la frase del personaje se cierra tras la aclaración del narrador: "—Estoy algo cansado —dijo él—. Me voy a mi casa."

Si el diálogo continúa, se cierra con la raya; en caso contrario, no: "—Estoy algo cansado —dijo él—. Me voy a mi casa."

Si la frase del diálogo no está completa, pero le correspondería otro signo de puntuación (como una coma), éste se pone como en el ejemplo anterior con el punto: "—Estoy cansado —dijo él—, y eso que he dormido bien."

2.-En el caso de que el comentario del narrador no tenga nada que ver con la acción de hablar, pensar o cualquiera de acciones relacionadas (gritar, susurrar, etc.), se cierra la frase, si hiciera falta, y el texto del narrador comienza por mayúscula:

—Tengo que irme. —El portazo retumbó en toda la casa.

Y contando con ciertas excepciones:

La exclamación y la interrogación se cierran siempre (si la frase ha terminado) antes de la raya: "—¿Estás cansado? —dijo su mujer—. Puede que debieras dormir más."

Del mismo modo, también los puntos suspensivos preceden a la raya: "—Te noto cansado... —observó ella—. Será que no duermes bien."

Si la narración precisa dos puntos, éstos sustituyen al signo de puntuación que correspondería a la frase del diálogo: "—Te noto cansado —observó ella, y añadió—: Será que no duermes bien."


Y para terminar.  

Recuerda que no es lo mismo el guión (-) que la raya de diálogo (—)

Muchas personas me preguntan en los talleres como se inserta una raya de diálogo.  Aqui va el truco. 

Si tienes un PC

Para obtener el guión largo necesario en los diálogos, pulsa Alt mientras escribes 0151 en el teclado numérico. ¡Tu símbolo — aparecerá automáticamente! Para las comillas latinas, lo mismo: pulsamos Alt y escribiendo 174 y 175 respectivamente. 

  • Alt 0151: guión largo (—)
Si usas word, puedes prefijar una combinacion de caracteres. (En la seccion de opciones / revision / Opciones de autocorrección) Por ejemplo yo tengo prefijado en mi computador el guión largo (raya de dialogo) cada que oprimo Ctrl+Alt+-

Si tienes un Mac

La combinación de teclas para este sistema operativo es distinta. En este caso tenemos que pulsar las teclas ALT y mayúsculas (también llamada SHIFT) junto con una tercera, que os indico a continuación:

  • Alt + Mayúsculas + guión corto (-): guión largo (—)
Espero que estos trucos te sean útiles. 

Otras fuentes para consultar, sobre los diálogos: 



miércoles, 20 de julio de 2022

Decálogo del Cuentista: Horacio Quiroga

 Decalogo del cuentista (Horacio Quiroga.)


I
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «Desde el río soplaba el viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.
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Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay; 31 de diciembre de 1878-Buenos Aires, Argentina; 19 de febrero de 1937), fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue uno de los maestros del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.​ Sus relatos a menudo retratan a la naturaleza con rasgos temibles y horrorosos, como enemiga de las circunstancias del ser humano. Ha sido comparado con el escritor estadounidense Edgar Allan Poe.

miércoles, 13 de julio de 2022

¿Niñez Transgénero?

El 7 de julio de 2022 leí una columna, en el periódico El Colombiano que hablaba de un niño de 9 años, al cual su familia apoyaba y estimulaba frente al hecho de que se "percibiera como niña". 

Luego de su lectura me quedó una duda:¿Realmente este menor se percibía como de sexo contrario, o simplemente le gustaban algunos comportamientos sociales que tradicionalmente son considerados por nuestra sociedad actual como femeninos?

Aquí expongo unas reflexiones al respecto que van generar odios y que me convertirán en villano. No me importa. Sólo espero que al menos unos pocos entiendan el por qué, el estimular la ideología de género en los niños, es un acto de violencia contra ellos.


Desde el punto de vista biológico, lo normal en la naturaleza es la dualidad. Solo existen individuos genéticamente machos (XY) o genéticamente hembras (XX). Cualquier alteración cromosómica que no encuadre dentro de estos dos parámetros es un error de la naturaleza que se paga muy caro (un individuo con trisomía de cromosomas sexuales XXY o XXX, está predispuesto a mayores riesgos para la salud, incluso la muerte). El género es la expresión que tienen las caracteríticas sexuales en el individuo (masculino o femenino) y está determinado por patrones de comportamiento en algunas esferas (no en todas). La identidad de género es un invento de las sociedades humanas, y no tiene fundamento biológico. 

En algunas especies animales es evidente un comportamiento diferencial, dependiendo del sexo, pero esto solo ocurre en algunos aspectos, como en el relacionamiento con otros adultos (para la mayoria de las actividades rutinarias, como comer, dormir, respirar, defecar, no hay diferencia entre los sexos). En su relacionamiento social, los primates machos suelen ser más agresivos y territoriales que las hembras cuando están en grupo. Sin embargo, ante la dificultad de conseguir comida, algunos machos jóvenes suelen adoptar comportamientos femeninos para evitar ser vistos como potenciales rivales por el macho alfa quien controla el acceso a la comida. Asi, mostrándose femeninos, aplacan la agresividad del lider, o consiguen alimentos o privilegios que, de otra forma (siendo agresivos y varoniles), implicarian un enfrentamiento. 

A donde quiero llegar es que, comportamientos femeninos en un macho, no siempre implican identidad de genero alterada. Un niño que disfrute jugar con muñecas, dejarse el pelo largo, o que odie los deportes rudos, (tradicionalmente masculinos), no necesariamente tiene una identidad de género femenina. Puede ser que quiere evitar confrontación por saberse menos fuerte que los demás, y simplemente tiene comportamientos menos agresivos, que la mayoría considera femeninos.  

En la especie humana tradicionalmente hemos puesto falda, aretes y pelo largo a las niñas, y pelo corto y pantalón a los niños, sin que haya otra forma de diferenciarlos por sus rasgos físicos no genitales. Es la pubertad en la que externamente podemos empezar a distinguir un macho de una hembra. Si cubriéramos sus genitales durante la infancia, sería casi imposible distinguir un niño de una niña y por eso, socialmente utlizamos señales como el largo de su cabello, la pintura en sus uñas, o las aretas en sus orejas. Ser mujer no significa peinarse el cabello con una moña, pero para un menor de edad, ese puede ser el significado de "ser mujer".

De ahí que es muy dificil establecer si realmente un niño tiene una identidad de género asintónica. Antes de la pubertad o la adolescencia un niño que "se comporta como niña" o de aspecto femenino no necesariamente se siente atraído sexualmente hacia los varones; simplemente no se identifica con el grupo de individuos de pelo corto y pantalones, rudos y agresivos que juegan brúscamente. Igualmente la niña a la que le gustan los comportamientos rudos no necesariamente se siente atraida sexualmente por las niñas. Hay niñas que son peleoneras, agresivas, bruscas ("poco femeninas") y eso no indica para nada que su sexualidad sea masculina, así como no predice que de adulta será una lesbiana porque de niña no era pacífica, delicada y cariñosa. 

En los niños no se puede hablar de que haya atracción sexual hacia un género sino más bien atracción social hacia los comportamientos y "adornos" que tradicionalmente acompañan esos géneros a traves de los siglos.  

Si hubiera un pueblo aislado, donde los varones usaran falda en lugar de pantalón y cabello largo con hebillas, y las niñas de 9 años jugaran juegos de contacto agresivo, usaran pelo corto, vistieran pantalón y no llevaran aretas, cualquier niña que quisiera usar falda sería mal vista. Igualmente pensarian lo mismo de un niño que decidiera lucir como niña. Es decir, cortarse el pelo, quitarse las aretas y usar pantalón. De ahí que la identidad de género es un "constructo social".  El hecho de que un niño escocés (en la Escocia tradicional) pidiera que le dejaran usar falda como los guerreros, no lo convertía en un transgénero.  

El transgenerismo realmente no está relacionado con el sexo de una persona sino con los comportamientos tradicionalmente asociados a un género y que no dependen del mismo, sino de las tradiciones. Un niño que odia los deportes de contacto, que le molesta el futbol o que no le interesa la mecánica pero disfruta jugar con muñecas o hacer manualidades tipo collares no es un homosexual. Simplemente es un individuo que disfruta de comportamientos mas suaves y "socialmente" femeninos. El problema surge cuando a ese niño lo estimulan a que se perciba como mujer y lo encaminan a que, en el futuro busque pareja del mismo sexo. Ahí es donde está el error. 

La sociedad actual está haciéndoles creer a los niños que son mujeres por el simple hecho de que tengan gustos "femeninos". Ese niño varón que disfruta de hacer collares, nunca será una niña: seguirá siendo un niño (XY) con gustos femeninos. Encaminarlo a que se cambie los genitales o que busque su pareja entre los del mismo sexo es un error garrafal. Solo hasta que sea un adulto, él podrá decidir si le gustan las mujeres o los hombres. Decirle a un chico de comportamiento menos agresivo (tradicionalmente femenino) que es una niña, y que nació con el cuerpo equivocado es un crimen que atenta contra la naturaleza y contra la misma sociedad, y especialmente contra los derechos de ese menor que simplemente quiere "jugar a ser niña".

Nuestra sociedad debe aprender a ser tolerante con el niño que no le gusta el futbol y los deportes de choque y con las niñas a las que les gustan los deportes violentos. Debe entender que habrá niños que tienen comportamientos menos varoniles y niñas que tienen comportamientos masculinos. Eso no es trangenerismo, es simplemente gustos. No es que hayan nacido en un cuerpo equivocado. No es que sean "niñas con pene", ni "niños con vagina". Los niños siempre tendrán cromosomas XY y las niñas, XX, incluso, si de adultos toman la decisión de hacerse operar para parecer físicamente del sexo opuesto. Sus genes y sus cromosomas nunca cambiarán a pesar de sus gustos y preferencias. 

Con esta entrada quiero hacer un llamado a los padres de familia: Si sus hijos hombres tienen comportamientos femeninos o si sus hijas mujeres tiene comportamientos masculinos, no estimulen en ellos la idea de que nacieron en cuerpos equivocados. ¡Ámenlos! No estimulen eso de que "tienen que cambiar de sexo" para darle gusto a la sociedad progresista. Entiendan que sus hijos tienen "gustos diferentes" pero no los obliguen a tomar partido, como si realmente fueran del género opuesto. A lo mejor simplemente quieren "jugar a ser del sexo contrario". Dejen que de adultos decidan si quieren comportarse como alguien del otro sexo. Que sea la decisión de ellos cuando sean adultos, nunca de niños.  

Decirle a un niño que es una niña porque así él lo quiere o por que sus mayores lo perciben muy femenino, es engañarlo, y tal vez condenarlo a que viva una vida de confusión en el futuro. Un hombre siempre será biológicamente hombre (celularmente XY) a pesar de que modifique artificialmente su cuerpo y adquiera comportamiento femenino. Tendrá enfermedades de hombre, tendrá el mismo riesgo cardiovascular de un hombre y el mismo riesgo de sufrir cáncer de prostata aunque decida maquillarse y vestirse como tradicionalmente se visten las mujeres. Las mujeres tendrán ovarios y útero y aunque se los hagan extraer, sus células seguiran teniendo material genético femenino. La biología no puede alterarse por más que el individuo lo desee. Debemos entender que quien nace de un sexo determinado seguirá siendo biológicamente de ese sexo, a pesar de adoptar comportamientos y preferencias del otro. Hay que entenderlo y aceptarlo: Esa es la verdadera inclusión:  Comprender que esa persona es libre de adoptar otra actitud aún en contra de su biología, pero nunca, sucumbir ante el engaño de que si cree que es una mujer, lo será. Por más que yo quiera creer que soy un perro, ande desnudo en cuatro patas, ladre y levante la pata trasera para orinar en cada poste, seré un perro. Biológicamente seguiré siendo humano. 

No debemos castigar o discriminar a un niño varón que prefiere jugar los juegos de la niñas y no quiere jugar como lo hacen los niños de su propio sexo, pero no estimulemos en los niños la creencia de que al desear ser del otro sexo se convierten automáticamente en el género opuesto.

Como decía el comediante Bill Maher recientemente: Si los niños de 8 años supieran lo que quieren ser de adultos, el mundo estaría lleno de vaqueros y princesas. Yo quería ser un pirata. Gracias a Dios, nadie me tomó en serio y programó una operacion para sacarme un ojo y cortarme una pierna. 



miércoles, 6 de julio de 2022

Tips de escritura. Emilio Restrepo

 TIPS DE ESCRITURA

Por Emilio Alberto Restrepo Baena

Tomado de: «20 escritores colombianos 
nos revelan sus secretos de creación»,

La obra habla por uno. Hay que escribir, lo importante es el texto; lo demás es farándula. Si el texto es bueno, con seguridad que encuentra su camino y el resto viene por añadidura. No es un camino fácil, pero es muy enriquecedor.

El método no tiene nada de novedoso: estar atento, a ver qué historias hay, sabiendo que pululan por todas partes. Anotar todo lo que pueda servir ahora o después. Leer y leer. Ver muchas películas. Pensar y pensar. Escribir y escribir. Corregir. Saber que es más lo que se pierde que lo que se gana. Por ejemplo, por cada concurso ganado, hay diez o más perdidos y esto no debe descorazonar. No hay que ser apegado a las palabras, lo que no sirve hay que desecharlo o reescribirlo, no hay que desanimarse por las negativas de los concursos, los editores o los críticos.

En lo personal, los talleres literarios fueron la respuesta a mi necesidad de narrar, pues durante la mitad de mi vida no encontraba la manera adecuada de hacerlo. Es decir, tenía la idea, hacía la narración, pero el cuento salía malo o no se entendía, o no gustaba, o tenía defectos de forma que lo hacían inviable. El taller entrega eso, elementos de trabajo, herramientas para hacer eficaz un texto. El taller da constancia, da rigor, hay lecturas críticas que aportan. En los comentarios y hasta en la cara de los integrantes, tanto profesor como alumnos, uno ve si el texto sirve, si es repelente o atrapa, si divierte o es un ladrillo.

Ya todos los temas están escritos, la diferencia es el tratamiento que se le dé a la idea. El amor, la muerte, el deseo, el odio, la venganza, la avaricia, etc., ya han sido tratados y no hay mucho más de que hablar. Lo importante es volverlo a hacer sin repetirse, de manera novedosa, con un estilo propio que lo haga interesante y llamativo, digno de ser leído. Que llegue a nuevos públicos, que tenga una impronta, un sello.

La inspiración: es una forma de llamar a esa idea volantona que entra a la cabeza proveniente del exterior (que penetra a través de los sentidos), o del interior (alimentada por un recuerdo una evocación o un sentimiento). La idea siempre va a estar por allí, pero cuando da vueltas una y otra vez, y se aferra a la necesidad de atraparla y volverla texto, se dice que es gracias a las musas.

Ideas hay por miles, girando, generando cortocircuitos permanentes. Por eso es importante estar atento y vigilante, sensible a su necesidad de ser contada, para que no sea producto de una inspiración eventual, o una «musa inconstante» que estando allí puede no ser detectada. La clave es que cuando esté rondando sea capturada para ser traída a un plano creativo, consciente.

Que la inspiración no me abandone, pero que cuando aparezca, «me pille trabajando», nos han repetido los maestros desde siempre. Por eso hay que tener método. Hay que anotar todos los elementos susceptibles de ser narrados, almacenarlos en un archivo, una agenda, una grabadora, en fin, traerlas a un plano real para que dejen de ser inmateriales. Tarde o temprano, téngalo por seguro, van a ser usadas. En ese sentido, si se quiere hacer obra, hay que tener inspiración (musa) pero también constancia (transpiración), acaso más importante, para atrapar la idea y de ella hacer un texto literario.

Sobre la novela negra: es apasionante. Es entretenimiento puro. Desata la curiosidad en el lector, lo hace cómplice, lo involucra y lo envuelve en un juego de acierto y adivinación con elementos lógicos que casi siempre lo sorprenden y lo excitan. Por lo demás, se basa en historias poderosas e impactantes. Los personajes son fuertes y deben estar bien dibujados. La narración tiene que estar muy bien escrita, sin cabos sueltos y sin trampas burdas, pues si el interés decae o hay engaños, el lector la abandona sin consideración. Además, escudriña la sociedad y sus normas, describe la ciudad, su ética, su entorno, su ambiente, sus pecados. Es una fotografía del alma colectiva en la selva de cemento. Desnuda sus costumbres más ocultas y sus tendencias más abyectas. Muestra el submundo que hay debajo de la superficie, por debajo de lo aparente, un universo mucho más grande y salvaje del que nos imaginamos y que ruge bajo los neones y la contaminación de la ciudad.

Aunque uno escriba ficción, alguien opina que en el fondo siempre se escribe sobre uno y las cosas que conoce y los asuntos que le interesan. Mucho de lo que escribo tiene que ver con lo que oigo y distorsiono, lo que capto y modifico, lo que leo y acomodo, lo que percibo y me imagino. En los textos de mi detective (Joaquín Tornado) hay un poco de todo, aunque no sea autobiográfico: el delito, el crimen, el timo. En lo directo no me tocan, pero son muchas historias robadas a los amigos, en la esquina, en la tertulia, en el café, en los ecos que se quedan pegados de las paredes de los callejones y los antros.

Alguien decía que uno siempre escribe sobre los mismos temas, sobre su propio yo, o lo que más le impacta y le importa a ese yo, sobre su propia visión de la existencia, sacando lo más puro y lo más abyecto del ser que uno es. Uno se disfraza de los personajes, pone las palabras de uno en boca de ellos, maldisimula sus propias opiniones y sus taras y sus defectos en el carácter de ellos.

Cada texto es un ladrillo más en la pared del edificio de su propia obra. Cada personaje es una proyección, atenuada o exagerada, de la personalidad de uno. Uno escribe de lo que conoce, de lo que es, de lo que ha vivido, sentido y sufrido.

Escribir es hacer catarsis de uno mismo, es mirarse en un espejo distorsionado, en donde es posible que la imagen verdadera sea la que se refleja y la falsa, la que sale desde dentro de uno. Es posible que el verdadero yo, sea el otro y que uno ha estado engañado todo el tiempo. Siempre es peligroso pero fascinante ahondar esos laberintos de la creación. No sabe uno qué se va a encontrar; puede que a uno mismo, encadenado y prisionero de sus propias limitaciones y neurosis, en lo más profundo de una mazmorra. Es un juego aterrador, pero no hay marcha atrás.

El párrafo tiene su ritmo, su música, van pidiendo cuerda de acuerdo a la necesidad de la frase, del personaje, de la situación planteada. Por épocas, uno se preocupa más del lenguaje. En otras, por la caracterización, fuerza y veracidad del personaje. En otras, por la estructura. En otras, simplemente por la belleza, por la forma pura, por lo que usted denomina «lo estético». En otras, por la coherencia y el valor de la historia relatada. Cuando usted logra armonía y equilibrio y solvencia en todos estos aspectos, usted tiene en sus manos una obra maestra. Aplique esto a Cien años de soledad, al Quijote, a las grandes obras y se dará cuenta. Por eso es tan difícil tener en la misma cuadra un García Márquez o un Borges. Lograr esas cumbres sin perecer en el intento es un atributo de los grandes maestros. El resto nos partimos el lomo tratando de sacar el texto lo mejor posible, sufriendo en carne propia las obvias, y en ocasiones insalvables, limitaciones.

Lo importante no es la realidad de la historia con respecto a un referente de «la vida real», sino la veracidad de la historia en sí misma. Que se logre una efectiva «supresión de la incredulidad» porque el texto en sí mismo es tan fuerte, tan sólido, que establece sus propias normas de realidad, independiente del resto.

Hay una especie de afinidad, inmediata o tardía, que hace que un tema le dé vueltas en la cabeza a uno durante un tiempo. Repito, primero entra por los sentidos, luego se asoma una y otra vez, como reclamando su espacio. Luego produce una especie de regocijo, o un malestar, o una idea recurrente, que hasta que no se lleva al texto, no se resuelve. Luego llega otra y otra. Otras veces no es tan simple. Uno la anota en una agenda o en un archivo, «por lo que pueda ocurrir», porque en otro momento pueda tener algún interés. Entonces, cuando encuentra su espacio, viene a la memoria, o por esos azares no tan gratuitos, ese día uno abre el computador y la idea asoma sus narices para ocupar el espacio que tenía destinado desde siempre. Es algo un tanto mágico, pero que sabemos que existe. A veces son fuertes y determinadas desde el principio, uno sabe que tienen tanta fuerza, que terminan en una novela, completas, redondas, tal y como se la contaron a uno. Eso me pasó en «La milonga del bandido», en «El tren de los malditos» o en «Que me queda de ti sino el olvido». Sólo tuve que escribir, pulir, organizar: la estructura estaba completa, me fue dictada de principio a fin.

Toda inspiración-creación entra por los sentidos. Es difícil inventar algo puro, que no sea impactado por un estímulo externo. Algo captado por los órganos de los sentidos genera en la mente una idea digna de ser contada; algo visto, algo olido, algo escuchado, algo leído, se traduce en una imagen mental, en un mapa conceptual. El escritor debe estar preparado, con sus sentidos dispuestos, para tener la sensibilidad de dejarse permear por esto que entra a su cerebro a través de lo sensorial. Pero, sobre todo, debe tener agudo el oído: debe saber oír y escuchar, debe saber reconocer la música de las palabras, la cadencia de las voces. Esto le da el estilo propio a cada autor, una armonía que caracteriza sus textos. Por eso, lo de escuchar, se toma de varias formas: escuchar hacia afuera (prójimo, personas, medios, historias, chismes, sonidos, ruidos, música) para alimentarse de los estímulos externos que le alimenten la inspiración y escuchar hacia adentro, el sonido del texto, la lectura en voz alta, las disonancias, la musicalidad de lo escrito, la repelencia o la cadencia, la consonancia o la estridencia, dependiendo de la voz que queramos darle.

Siempre quería contar historias, pues crecí en medio de una tradición oral muy fuerte por la familia, por el barrio, por la gallada de amigotes, todo el día jugando e inventando aventuras en las calles, en las mangas, porque no había tampoco muchas otras opciones, pues fui niño en los años 60 y 70s. La palabra me embrujaba, me obnubilaba el poder seductor de las anécdotas, la fuerza de las narraciones. No me quería mover de donde hubiera un buen palabrero. Más tarde llegaron las lecturas y mi universo se expandió y quise ser como esos escritores que me hipnotizaban a través de un relato. Desde entonces quise escribir. Lo intenté mucho tiempo, sin encontrar las herramientas adecuadas, hasta que los talleres literarios me encausaron y pude encontrar la manera de expresarme: ya no era sólo la oralidad. La escritura había entrado en mi vida y, hasta ahora, me acompaña.

Uno habla de lo que más conoce, de lo que ha vivido. Y la Ciudad, y particularmente el barrio, han sido el entorno natural que ha alimentado mis vivencias. Entonces de ellos hablo, de eso que he vivido, padecido, amado y sufrido. La Ciudad, siempre la Ciudad. Y, por supuesto, la medicina. Son los dos grandes filones temáticos que alimentan mi literatura.

En el mismo sentido, surgen de las calles, las esquinas, las tiendas… mi personaje es el hombre común, al cual le ocurren situaciones fuera de lo normal. Lo mismo, los pacientes. Muchas historias surgen de los hospitales. Me he dado cuenta que el sufrimiento, el dolor, el abandono, el miedo, la muerte son una fuente inagotable de literatura. De ahí parten mis personajes: de la ciudad, de la medicina. Hablo mucho de personas abandonadas de la esperanza o de la fortuna. Del marginal, del solitario, del desesperado, del que no tiene salida, del que se quedó sin ilusiones.

Para mí, titular es una obligación penosa pero estimulante, que demanda estrujarse mucho el cerebro, pues tiene que marcar una diferencia, tiene que darle una impronta, no caer en el lugar común y dar una idea del texto narrado. Para mí, merece toda la atención, toda la concentración. Debe ser contundente, tener recordación, tener carácter y tratar de no parecerse a nadie. Para mí, insisto, es de la mayor importancia. Recuerdo estos títulos: «Qué me queda de ti sino el olvido», «¿Alguien ha visto el entierro de un chino?», «Una llamada por cobrar desde el infierno», «Música de buitres», etc.

En mi concepto, el escritor debe llegar al lector o si no está perdido. Hay varias formas de espantarlo: o con lenguaje rebuscado, artificioso, afectado, falsamente erudito, o con lenguaje ordinario, obsceno, procaz. Hay que buscar un equilibrio sano. En ocasiones hay que recurrir a lo escatológico, sin abusar del recurso, cuando sea necesario para el texto. A veces hay que usar un término erudito (casi nunca), cuando se amerite. Por ejemplo, si un personaje se tropieza o se asusta, nada peor que ponerlo a decir «¡Pamplinas!, ¡casi me fragmento mi artejo mayor, oh… el dolor me embarga!» Esto se soluciona fácil con un buen «¡HP!, ¡casi me parto el dedo!» Un poco más brusco, pero más simple, más real y, por tanto, más eficaz. No genera rechazo en el lector y lo invita a acompañarlo en su dolor, no a rechazarlo por filipichín y pretencioso.

Las lecturas, el tiempo y la revisión juiciosa, van dando las pautas para ir logrando el equilibrio y dejar de ser empalagoso o extremadamente campechano y chabacano. Si el adjetivo no es necesario o la metáfora no está bien hecha, sobran y chillan, y vuelven repelente el párrafo. Es por eso que debemos tratar de dominar el significado de las palabras, la ortografía, la puntuación, la gramática, la estructura, etc.




Lo importante no es la realidad de la historia con respecto a un referente de «la vida real», sino la veracidad de la historia en sí misma. Que se logre una efectiva «supresión de la incredulidad porque el texto en sí mismo es tan fuerte, tan sólido, que establece sus propias normas de realidad, independiente del resto. Es por eso que Cortázar es tan veraz cuando nos cuenta, con toda la naturalidad del mundo, que su personaje está «vomitando conejitos», lo mismo Asimov o Bradbury, o el mismo Borges reescribiendo el Quijote, o Gabo elevando a su personaje en cuerpo y alma hacia el cielo, como si nada, todo tan normal. Soy poco dado a la fantasía o a la ciencia-ficción, me matriculo más en el realismo sucio que en realismo mágico y estoy fuertemente presionado para que mis escritos anden sintonizados en clave de vida real. Escribo sobre personajes comunes a los cuales les suceden, por asuntos del azar o el infortunio, cosas extraordinarias, pero no exentas de verosimilitud. Si yo no me las creo, no funcionarán tampoco en el lector y echará el libro a la basura. Es todo un reto.

En mi caso la literatura es catártica, sanatoria, terapéutica. Es mi siquiatra particular y me permite exorcizar muchos demonios que de otra manera me tornarían en un asesino en serie. Lo cuento con ejemplos. En una ocasión me demandaron por una complicación grave en mi oficio como médico. La demanda me la inició un colega con el cual había tenido un altercado, a manera de retaliación. Cuando me enteré, tuve la convicción de que lo que tenía que hacer era mandarlo a asesinar, de manera lenta y dolorosa, como una forma de reparación, de venganza necesaria para el espíritu. Afortunadamente no ocurrió así: la literatura vino a salvarnos a los dos, a mí de la cárcel, a él del empalamiento. Escribí una novela corta, «Crónica de un proceso», en donde cuento pormenorizadamente el caso. Fue publicada por la Universidad CES. Hoy se estudia en la cátedra de ética y de derecho médico y he dictado decenas de conferencias de cuenta de esa publicación. Lo mismo con un primo hermano, amigo entrañable, que por la vía del corazón se me metió al bolsillo, con la idea de quitarme todo el patrimonio. Casi me deja en la ruina. La literatura me permitió sanar el sentimiento de traición, de odio y de resentimiento, mientras me recuperaba. Le quedó, como homenaje y testimonio, un cuento y una novela de mi amigo Joaquín Tornado llamado «El primo y el timo».

Mientras uno escribe, no piensa en dañar a nadie, no comete pecados ni incurre en delitos. O por lo menos, si lo hace, es inofensivo. Todo queda en el papel.

SUGERENCIA

Leer las entrevistas en los siguientes medios, porque de ahí se han tomado los apuntes presentados en este texto.

El Colombiano.

El Espectador 1.

El Espectador 2.

Libros & Letras.

«Le confieso, sin pudor intelectualoide, que me gustan los concursos, me gusta participar en ellos, me he ganado algunos, he perdido la mayoría y en muchos, he quedado de finalista, (de «primera princesa», como se burlan de mí algunos de los colegas). Lo importante es escribir, gozársela, tener método, disciplina y rigor. Si en el camino se atraviesa un premio, bienvenido, es estimulante, le trae a uno nuevos lectores, mucha gente se interesa por la obra anterior, le da un poco de más visibilidad para ser un poco más leído. Mire usted: ahora me está entrevistando por haberme ganado la beca del Municipio con «Gamberros S.A»; de lo contrario, no nos hubiéramos conocido, ni usted como periodista o crítico se hubiera interesado por lo que pienso sobre el arte de la creación literaria. Eso está muy bien y lo agradezco, pues con seguridad gracias a ello, los lectores de su periódico se podrían potencialmente interesar por leer mis libros. Lo importante es el rigor, tratar de escribir bien y cada vez mejor. No obsesionarse con el concurso ni amargarse por no ganarlo. Los concursos no son matemáticos ni justos. Los jurados no siempre premian al mejor. Si la obra es buena, y no gana esta vez, hay que revisarla y mejorarla, que con seguridad tarde o temprano encontrará su espacio, le llegará su tiempo».

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El presente texto hace parte del libro «20 escritores colombianos nos revelan sus secretos de creación», publicado por Editorial libros para pensar, en diciembre de 2020. www.librosparapensar.com Correo-e: edicion@librosparapensar.com


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* Emilio Alberto Restrepo. Médico, especialista en Gineco-obstetricia y en Laparoscopia Ginecológica (Universidad Pontificia Bolivariana, Universidad de Antioquia, CES, Respectivamente). Profesor, conferencista de su especialidad. Autor de cerca de 20 artículos médicos. Ha sido colaborador de los periódicos la hoja, cambio, el mundo, y Momento Médico, Universo Centro. Tiene publicados los libros «textos para pervertir a la juventud», ganador de un concurso de poesía en la Universidad de Antioquia (dos ediciones) y la novela «Los círculos perpetuos», finalista en el concurso de novela breve «Álvaro Cepeda Samudio» (cuatro ediciones). Ganador de la III convocatoria de proyectos culturales del Municipio de Medellín con la novela «El pabellón de la mandrágora», (2 ediciones). Actualmente circulan sus novelas «La milonga del bandido» y «Qué me queda de ti sino el olvido», 2da edición, ganadora del concurso de novela talentos ciudad de Envigado, 2008. Actualmente circula su novela «Crónica de un proceso» publicada por la Universidad CES. En 2012, Ediciones B publicó un libro con dos novelas cortas de género negro: «Después de Isabel, el infierno» y «¿Alguien ha visto el entierro de un chino?» En 2013 publicó «De cómo les creció el cuello a las jirafas». Este libro fue seleccionado por Uranito Ediciones de Argentina para su publicación, en una convocatoria internacional que pretendía lanzar textos novedosos en la colección «Pequeños Lectores», dirigido a un público infantil. Fue distribuido en toda América Latina. Ganador en 2016 de las becas de presupuesto participativo del Municipio de Medellín, con su colección de cuentos Gamberros S.A. que recoge una colección de historias de pícaros, pillos y malevos. Con la Editorial UPB ha publicado desde 2015, cuatro novelas de su personaje, el detective Joaquín Tornado. En 2018 publicó su novela «Y nos robaron la clínica», con Sílaba editores y recientemente su libro "Medicina bajo sospecha".

Blogs: www.emiliorestrepo.blogspot.comwww.decalogosliterarios.blogspot.com

Serie de YouTube Consejos a un joven colega.

Cuentos Leídos por el autor: https://emiliorestrepo.blogspot.com/2015/06/cuentos-leidos.html

Twitter: @emilioarestrepo