"SOMOS ENANOS EN HOMBROS DE GIGANTES" (Bernardo de Chartres - S. XII)

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Dilema. Microrelato

El 18 de noviembre de 2020, la Fundación Plagio anunció a los ganadores del concurso Medellín en 100 palabras 2020. 

Se presentaron 18.952 relatos cortos. Entre ellos, el jurado escogió tres ganadores por categoría (Infantil, juvenil y adultos).  Además se escogieron 91 relatos adicionales que hicieron parte del libro Medellín en 100 palabras, de la colección Palabras Rodantes de Comfama. 

Este año tuve el honor de que uno de mis relatos estuviera dentro de los finalistas y fuera escogido para el libro.   

Se los comparto. 

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DILEMA

 

Un profesor de literatura de la Universidad de Antioquia propone a sus jóvenes estudiantes un concurso: Escribir el microcuento de suspenso más corto que se les ocurra. Al día siguiente les comunicaría cuál, en su concepto, sería el mejor. 

Uno de ellos, de tan solo cinco palabras, capta su atención:

 Profesor, mañana voy a asesinarlo

 

Ahora no sabe si denunciarlo ante la policía, reportarse enfermo y faltar a clases, o declararlo ganador.

 

Carlos Alberto Velásquez Córdoba 

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Para quienes deseen tener el libro, les dejo el enlace.  Medellín en 100 palabras.  





miércoles, 18 de noviembre de 2020

Dos textos de Cindy Santiz Gamarra

Esta semana quiero compartir dos textos de la escritora  Cindy Santiz Gamarra a quien conocí por ser  coautora en un libro que nos publicó Fallidos Editores llamado Sumergirse  con motivo de los cinco años de la editorial.  

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PERFECCIÓN


Convertida en la nada, en el espacio vacío, en donde todas las formas geométricas existen, aquí mi yo deja de ser y solo hay una nada incorpórea.

Siempre logro, no sé cómo, escapar de la Muerte, las aguas tormentosas que tratan de ahogarme no lo han conseguido, camino encima de ellas, encima del mal que me acecha. Voy caminando en paz.

Como ya me cansé de ver espejismos, ahora  he decidido andar sólo con mi sombra. Me he ido quedando en este rincón, viendo cómo cae la lluvia y sale el sol, busco el calor cuando tengo frío y se abre en llamas mi interior.

A veces me congela el miedo que juega en contra o a favor, en contra de la Muerte y a favor de la Vida. Me he ido quedando en este rincón, con lo llorado, lo sufrido, con la nada.

Me sé viva, tengo conciencia de ello, soy de carne y hueso. Aquí, ahora, cierro mis ojos y floto, los abro y camino, no puedo escapar de mi destino, vivo, como no puedo huir relajo 
mi cuerpo, mi alma, mi espíritu, todo aquí, en mí, me parece el paraíso, con luminosos manantiales, colores verdes, amarillos, rojos, azules, todo el arcoíris. 

Sí, éste es mi destino:  fluir libre hacia la perfección.


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EN EL PASADO HUBO, EL PRESENTE DICE QUE FUE UN SUEÑO


“Un escritor puede escribir lo que le dé la gana

siempre que sea capaz de hacerlo creer”.

Gabriel García Márquez



-Papá Elías, nosotros no queremos que nos coma el tigre, ma­ñana no vamos para la finca.


-Ese tigre no hace nada, si no lo molestamos.


Al día siguiente estaban ensillados los tres mulos, el de Erotida, el de José y el de su papá, Elías Gamarra, cada mulo lle­vaba pimpinas vacías que debían traer al día siguiente llenos de la leche con la que hacía el queso, la que vendía y la que se tomaban en la casa.


En el camino tenía que pasar por varias hectáreas de tie­rras, cuyos dueños eran acaudaladas familias del pueblo. Los Turizo, quienes eran los que tenían el monopolio del mercado de la leche, y la doña de la casa, Rita, se encargaba personal­mente de vender cada litro, pero no permitía que la gente del pueblo la tocara, y menos si llegaban del puerto con olor a pes­cado, por eso tenían un mozo que recogía las jarras, se las llevaba, ella despachaba y él las regresaba a sus respectivos dueños. Cuando quedaron sin nada, doña Rita entró en tal desespero, que enfermó, su cuerpo fue consumido por los gusanos estando viva. Unos nietos de Elías la bañaban y la limpiaban por cari­dad, porque nadie se le quería acercar, hasta que murió mientras un líquido putrefacto salía de entre sus piernas; los Benavidez, que tenían la mejor Toyota de toda la región. Allá iban los nie­tos de Elías a lavarla para ganarse unos centavos y para disfrutar viendo la casona por dentro… pero eso sí, no se les permitía a los niños jugar con los hijos de los dueños. Cuando esos niños crecieron era tal el despilfarro, que en una noche de parranda vendieron todo y quedaron borrachos en una esquina. Al poco tiempo no murieron de hambre porque los Gamarra les daban de comer, pero de lo que sí murieron fue de cirrosis; Los Leyva, cuyas riquezas eran tan incontables como sus cabezas de gana­do, terminaron al final malvendiendo todo para quedar con una flota de busetas en las que terminaron por perder hasta el último centavo, porque los caminos, como todos los tiempos, están en mal estado y destruyen hasta los tanques de guerra. Luego los veían un día como ayudantes de busetas y agachaban la cabeza; los González, esos eran los que más empleados tenían: peones, jornaleros, capataces; tierras, ganado. En las fiestas del pueblo discutían con los demás pudientes cuántos días y cuántos toros iban a donar para que la gente se divirtiera, iban a la ciénaga con sus jornaleros, escogían 40 toros de los más bravos, los sol­taban al ruedo y ellos desde los palcos empezaban a tirar fajos de billetes para que los más arriesgados se atrevieran a torearlos de frente. Cada herido por los cuernos de los astados producía una placentera sonrisa en los hacendados. Su estirpe terminó vendiendo bolitas de leche por las calles para poder comer. Don Felipe, que todavía vivía, recordaba esos tiempos; enloqueció y caminaba las calles del pueblo pidiendo una monedita. Cuando los tres por fin llegaban a la finca, papá Elías empezaba a juntar la leña con la que en la noche hacía la fogata que mantenía alejado al tigre, pero había noches en las que los niños, Erotida y José, subidos en el zarzo lo escuchaban rugir, y lloraban rezando para que no se los comiera. Al día siguiente encontraban dos caballos o una vaca con las vísceras afuera, devoradas en su mayoría.


Regresaban con las pimpinas llenas de leche, por el mismo camino rodeado de fincas, cuyos dueños eran los ricos que creían que iban a tenerlo todo para siempre.


Años después, de los terrenos no quedaba ni uno solo que perteneciera a alguna persona de las familias originarias, todo fue quedando en manos de las gentes de guerra para terminar hasta hoy con otros dueños que ni conocen la historia de las tierras donde corría la leche como un río. ­

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Cindy Santiz Gamarra

Escritora, Comunicadora Social, con título de especialización en Educación, Cultura y Política. Con conocimientos en procesos de participación ciudadana, pedagogía para la democracia y análisis del contexto sociocultural y político. Experiencia en consultoría e investigación académica, redacción, gestión, planeación, formulación y ejecución de proyectos. Coordinadora local del Parlamento Internacional de Escritores, de Cartagena, Colomba. Participante mensual del periódico cultural "Amigos de la poesía y la literatura" de circulación en Narón, España. Su más reciente obra titulada "Aconitina" fue editada y publicada por la editorial Fallidos Editores, de Medellín, Colombia, con prólogo del poeta antioqueño Pedro Arturo Estrada y su portada- única en el mundo con la corriente cinética temática- fue hecha por el pintor español Francisco Pérez Alonso; en ella mezcla de manera inédita varios géneros literarios, como el género Narrativo(relatos), Lírico (prosa poética), Didáctico(ensayo).



Aconitina está disponible en las librerías de la editorial o contactando a su autora.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Sean Connery y el Nombre de la Rosa

Hace poco murió Sean Connery uno de los mejores actores del siglo XX.  Fue el primero en encarnar al Agente 007, personaje del magistral Ian Fleming. Trabajó en cientos de películas, entre las que vale la pena mencionar las primeras de James Bond, La roca,  Los intocables, Highlander, El nombre de la rosa, Indiana Jones y la última cruzada, La caza del octubre rojo, Descubriendo a Forrester, entre otras. 

Esta semana quiero recordarlo en una de sus mejores películas, El nombre de la Rosa, que fue basada en la novela de Umberto Eco. 

Desde la primera vez que leí el libro, en sus múltiples relecturas, y todas las veces que he visto la película, jamás he tenido duda de que Sean Connery es el mejor William de Baskerville que hubiera podido existir jamás. No imagino a otro actor en ese papel. 

Sin más preámbulos, los dejo con la película. Espero que la disfruten. 



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Sean Connery (Thomas Sean Connery) Actor y productor de cine británico,  nacido en Edimburgo 1930, muerto en Nassau (Bahamas) en 2020. Ganador de un premio Oscar, dos premios BAFTA y tres premios Globo.  


Sobre la película:   El nombre de la Rosa (1986) es una película de drama y suspenso con tintes policiacos, producida entre Alemania, Francia e Italia, dirigida por Jean-Jacques Annaud. Trata de una serie de muertes sospechosas que ocurren en una abadía del norte de Italia durante el Medioevo. 


Sobre el libro:  El nombre de la Rosa. Es una novela histórica y de misterio escrita por  Umberto Eco, y publicada en 1980. Está basada en una serie de crímenes que ocurren en una abadía del norte de Italia en el año 1327 y hasta la cual llega el franciscano William de Baskerville con su novicio Adso de Melk. 

El libro es un documento histórico impresionante, ademas de crear una trama maravillosa de carácter policíaco, nos envuelve en una reflexion sobre el poder de los libros. A pesar de que la película esta muy bien lograda, no sería posible plasmar todo el contenido del libro, ya que el texto tiene un montón de datos históricos y descripciones que no pueden ser mostradas en una película. 

El nombre de la Rosa es un libro que recomiendo completamente. Pueden descargarlo haciendo click en este enlace. 


Nota adicional:  para que se animen a leer el libro, quiero trascribir un aparte del primer capítulo donde William (o Guillermo ) de Baskerville muestra toda su capacidad deductiva.  Esta escena con Brunello no aparece en la película. 


Mientras nuestros mulos subían trabajosamente por los últimos repliegues de la montaña, allí donde el camino principal se ramificaba formando un trivio, con dos senderos laterales, mi maestro se detuvo un momento, y miró hacia un lado y hacia otro del camino, miró el camino y, por encima de éste, los pinos de hojas perennes que, en aquel corto tramo, formaban un techo natural, blanqueado por la nieve.

—Rica abadía —dijo—. Al Abad le gusta tener buen aspecto en las ocasiones públicas.

Acostumbrado a oírle decir las cosas más extrañas, nada le pregunté. También porque, poco después, escuchamos ruidos y, en un recodo, surgió un grupo agitado de monjes y servidores. Al vernos, uno de ellos vino a nuestro encuentro diciendo con gran cortesía:

—Bienvenido, señor. No os asombréis si imagino quién sois, porque nos han avisado de vuestra visita. Yo soy Remigio da Varagine, el cillerero del monasterio. Si sois, como creo, fray Guillermo de Baskerville, habrá que avisar al Abad. ¡Tú — ordenó a uno del grupo—, sube a avisar que nuestro visitante está por entrar en el recinto!

—Os lo agradezco, señor cillerero —respondió cordialmente mi maestro—, y aprecio aún más vuestra cortesía porque para saludarme habéis interrumpido la persecución. Pero no temáis, el caballo ha pasado por aquí y ha tomado el sendero de la derecha. No podrá ir muy lejos, porque al llegar al estercolero tendrá que detenerse. Es demasiado inteligente para arrojarse por la pendiente…

—¿Cuándo lo habéis visto? —preguntó el cillerero.

—¿Verlo? No lo hemos visto, ¿verdad, Adso? —dijo Guillermo volviéndose hacia mí con expresión divertida—. Pero si buscáis a Brunello, el animal sólo puede estar donde yo os he dicho.

El cillerero vaciló. Miró a Guillermo, después al sendero, y, por último, preguntó:

—¿Brunello? ¿Cómo sabéis…?

—¡Vamos! —dijo Guillermo—. Es evidente que estáis buscando a Brunello, el caballo preferido del Abad, el mejor corcel de vuestra cuadra, pelo negro, cinco pies de alzada, cola elegante, cascos pequeños y redondos pero de galope bastante regular, cabeza pequeña, orejas finas, ojos grandes. Se ha ido por la derecha, os digo, y, en cualquier caso, apresuraos.

El cillerero, tras un momento de vacilación, hizo un signo a los suyos y se lanzó por el sendero de la derecha, mientras nuestros mulos reiniciaban la ascensión.

Cuando, mordido por la curiosidad, estaba por interrogar a Guillermo, él me indicó que esperara. En efecto: pocos minutos más tarde escuchamos gritos de júbilo, y en el recodo del sendero reaparecieron monjes y servidores, trayendo al caballo por el freno. Pasaron junto a nosotros, sin dejar de mirarnos un poco estupefactos, y se dirigieron con paso acelerado hacia la abadía. Creo, incluso, que Guillermo retuvo un poco la marcha de su montura para que pudieran contar lo que había sucedido. Yo ya había descubierto que mi maestro, hombre de elevada virtud en todo y para todo, se concedía el vicio de la vanidad cuando se trataba de demostrar su agudeza y, habiendo tenido ocasión de apreciar sus sutiles dotes de diplomático, comprendí que deseaba llegar a la meta precedido por una sólida fama de sabio.

—Y ahora decidme —pregunté sin poderme contener—. ¿Cómo habéis podido saber?

—Mi querido Adso —dijo el maestro—, durante todo el viaje he estado enseñándote a reconocer las huellas por las que el mundo nos habla como por medio de un gran libro. Alain de Lille decía que
omnis mundi creatura
quasi liber et pictura
nobis est in speculum

pensando en la inagotable reserva de símbolos por los que Dios, a través de sus criaturas, nos habla de la vida eterna. Pero el universo es aún más locuaz de lo que creía Alain, y no sólo habla de las cosas últimas (en cuyo caso siempre lo hace de un modo oscuro), sino también de las cercanas, y en esto es clarísimo. Me da casi vergüenza tener que repetirte lo que deberías saber. En la encrucijada, sobre la nieve aún fresca, estaban marcadas con mucha claridad las improntas de los cascos de un caballo, que apuntaban hacia el sendero situado a nuestra izquierda. Esos signos, separados por distancias bastante grandes y regulares, decían que los cascos eran pequeños y redondos, y el galope muy regular. De ahí deduje que se trataba de un caballo, y que su carrera no era desordenada como la de un animal desbocado. Allí donde los pinos formaban una especie de cobertizo natural, algunas ramas acababan de ser rotas, justo a cinco pies del suelo. Una de las matas de zarzamora, situada donde el animal debe de haber girado, meneando altivamente la hermosa cola, para tomar el sendero de su derecha, aún conservaba entre las espinas algunas crines largas y muy negras… Por último, no me dirás que no sabes que esa senda lleva al estercolero, porque al subir por la curva inferior hemos visto el chorro de detritos que caía a pico justo debajo del torreón oriental, ensuciando la nieve, y dada la disposición de la encrucijada, la senda sólo podía ir en aquella dirección.

—Sí —dije—, pero la cabeza pequeña, las orejas finas, los ojos grandes…

—No sé si los tiene, pero, sin duda, los monjes están persuadidos de que sí. Decía Isidoro de Sevilla que la belleza de un caballo exige «ut sit exiguum caput et siccum prope pelle ossibus adhaerente, aures breves et argutae, oculi magni, nares patulae, erecta cervix, coma densa et cauda, ungularum soliditate fixa rotunditas». Si el caballo cuyo paso he adivinado no hubiese sido realmente el mejor de la cuadra, no podrías explicar por qué no sólo han corrido los mozos tras él, sino también el propio cillerero. Y un monje que considera excelente a un caballo sólo puede verlo, al margen de las formas naturales, tal como se lo han descrito las auctoritates, sobre todo si —y aquí me dirigió una sonrisa maliciosa— se trata de un docto benedictino…

—Bueno —dije—, pero, ¿por qué Brunello?

—¡Que el Espíritu Santo ponga un poco más de sal en tu cabezota, hijo mío! — exclamó el maestro—. ¿Qué otro nombre le habrías puesto si hasta el gran Buridán, que está a punto de ser rector en París, no encontró nombre más natural para referirse a un caballo hermoso?

Así era mi maestro. No sólo sabía leer en el gran libro de la naturaleza, sino también en el modo en que los monjes leían los libros de la escritura, y pensaban a través de ellos. Dotes éstas que, como veremos, habrían de serle bastante útiles en los días que siguieron. Además, su explicación me pareció al final tan obvia que la humillación por no haberla descubierto yo mismo quedó borrada por el orgullo de compartirla ahora con él, hasta el punto de que casi me felicité por mi agudeza. Tal es la fuerza de la verdad, que, como la bondad, se difunde por sí misma. Alabado sea el santo nombre de nuestro señor Jesucristo por esa hermosa revelación que entonces tuve.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Los sonidos del Halloween

Hace poco fue Halloween. Una fecha en que se conmemora el eterno pacto entre los humanos y la naturaleza. (ver Mi halloween personal)

Es una fecha muy especial porque se trata de reconocer que como especie estamos enfrentados al miedo que produce lo desconocido. Es una fecha en que los humanos reconocemos nuestra inferioridad frente a la naturaleza y tratamos de pactar con ella. 

Esta semana quiero traer un video que muestra como el sonido y la música ayuda a crear atmósferas de miedo o suspenso. 



Hasta la próxima semana. 



Recomendado. 






miércoles, 28 de octubre de 2020

Vuelve y juega: Pachelbel y su Canon

No puedo evitarlo. Soy un amante del Canon y Giga del compositor aleman Johann Christoph Pachelbel (1653-1703)

Esta melodía me atrae poderosamente, y si le sumamos que a la melodía se le suma un tremendo trabajo de composición, la cosa es mayor.

Como lo he explicado en otras entradas de este blog, un Canon es una composición musical en la que una frase musical se repite en diferente tiempo produciendo un efecto de música estructural (a diferencia de la música lineal a la que estamos acostumbrados). 

Esta vez quiero que sea Jaime Altozano quien lo explique con su humor característico.  



Otras lecturas recomendadas: 




miércoles, 21 de octubre de 2020

Contra la leyenda negra de España

En varias oportunidades, he mencionado que los latinoamericanos, y en especial los colombianos solemos echarle la culpa de nuestros males a causas externas

Yo estoy convencido de que nuestros líderes se aprovechan de esto para mantenernos sometidos. Quieren generar enemigos externos para mantenerse en el poder. 

Hace poco unos indígenas del sur de Colombia decidieron tumbar la estatua de Sebastián de Belalcázar (un conquistador español) y se ha revivido la polémica de los malos que fueron con los indígenas. (ver La gran mentira del genocidio en América)

Tengo muchos amigos que aseguran que los españoles acabaron con los indígenas. Si vamos a ser objetivos, España no ejerció violencia sistemática hacia los indígenas. El testamento de Isabel la católica pedía que se protegieran a los nativos. En 1512 hubo una ley que prohibió la esclavitud: decía que los nativos eran "hombres libres" y se les daba igualdad de derechos a los indígenas que a los españoles. Cualquier indígena podía iniciar una querella contra un español y tenía igualdad de derechos, de ahí que hubiera jueces y oidores nombrados por la corona. Otro buen ejemplo de la protección que se les brindó es que el rey Carlos IV fue el primer gobernante en el mundo al que se le ocurrió hacer una expedición para traer la vacuna a América (financiada por el gobierno) para proteger a todos sus habitantes por igual.

Cuando se compara la colonización inglesa y la española, se puede descubrir que los españoles se mezclaron con los nativos (el porcentaje de mestizaje es bastante alto en America hispano-parlante a diferencia de los países conquistados por otras potencias mundiales como ocurrió en Norteamérica). Mientras en norte América la matanza de los indios fue sistemática, en América latina, la mayoría de las muertes fueron por enfermedades o por luchas entre los mismos indígenas. A Pizarro le hubiera quedado muy difícil ganar, si Huaina y Atahualpa (hijos de Huaina Capac) no hubieran peleado entre sí por la herencia de su padre hasta el punto de cometer fratricidio en su intento por obtener el poder. 

Es importante entender que fueron menos los indígenas que murieron por violencia ejercida por los españoles que por la de otros indígenas. Pero no fue la violencia la que mató a los nuestros: La viruela, la influenza, y otras enfermedades fueron la principal causa de la muerte (ver Las grandes causas de muerte en la America precolombina).  

Lo que ocurre es que en nuestro afán de culpar a otros, solo se trae a la memoria los textos de fray Bartolomé de las Casas en defensa de los indios y muy pocos, de los otros cronistas de la época, donde era evidente que los indios maltratados fueron una minoría. De hecho hubo indianos (nativos de la india) que fueron a hacer fortuna a Europa. (como el caso de Garcilaso de la Vega).  

Cuando uno investiga más a fondo, encuentra que el desprestigio de la conquista y colonización española se originó en Guillermo de Orange, enemigo de España quien comenzó a crear propaganda contra España para obtener el apoyo de otros reinos.  

No se puede negar que sí hubo maltrato de algunos españoles a los nativos americanos, pero mucha de la violencia que se les indilga a los ibéricos, no fue tal. De hecho las primeras semillas de lo que ahora conocemos como Derechos Humanos fue promulgada por la corona española. 

Para aportar otros puntos de vista, a continuación les traigo un video que plantea otra visión.  

Espero lo vean completo. 



Hasta la próxima semana.

Otras lecturas recomendadas

1.   León-Portilla, Miguel (1985): Crónicas Indígenas; visión de los vencidos) Fuente: Iraburu, José María (1999): Hechos de los Apóstoles. Navarra: Fundación Gratis Date-Pamplona, p. 28-29 (consultar)

2.  Anthony Esolen y José Javier Esparza Torres.“Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”, adaptación española basada en: The Politically Incorrect Guide to Western Civilization.  Ciudadela Libros.  (consultar)

3. Austin Alchon, Suzanne Las grandes causas de muerte en la América precolombina.Una perspectiva hemisférica. Papeles de Población [en linea]. 1999, 5(21), 199-221ISSN: 1405-7425. (consultar)

miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo que los estudios dicen

En el siglo III antes de Cristo, Aristóteles afirmaba algo y no tenía que citar sus fuentes para ser tenido en cuenta.

Newton al formular su Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, no enfrentó el problema de tener que poner todas las referencias bibliográficas que sustentaban sus afirmaciones. 

Actualmente cualesquier trabajo de investigación o cualquier tesis, debe tener cientos de referencias comprobadas y verificables para poder afirmar algo. Si no las tuviera, carecería de rigor científico.

Somos una sociedad a la que le gusta que toda afirmación sea sustentada por "Estudios científicos". 

Solemos creer cualquier cosa que nos digan, siempre y cuando nos aseguren que hay estudios que lo demuestran. Muy pocos se tomarán el trabajo de verificarlos.

Basta con decir que hay estudios clínicos que comprueban la eficacia de una crema antienvejecimiento, para que cientos de incautos la compren.  Un titular que comience diciendo: "La ciencia ha demostrado que...", hace que la gente crea a pie juntillas lo que sigue a continuación. 

Pero está demostrado que no siempre lo que dicen los estudios es lo correcto y no todos los estudios son reales. 

A continuación les traigo una conferencia muy especial dictada en Bariloche, Argentina, en septiembre de 2019 y que nos ilustra sobre el tema.


Si no puedes ver el video, copia este enlace 


Hasta la próxima semana. 


Aclaración: 

John Millburg, sociólogo y filósofo estadounidense, es en realidad Manuel Gutiérrez Arana, Licenciado en Comunicación Social, actor y comediante. Trabajó como guionista y columnista en Radio Rivadavia, Radio Cultura de Buenos Aires y Radio O de Bariloche. Tiene "el vicio de analizar todo por demás, se estresa, la pasa mal y luego relaja en las aguas del humor, el salvavidas que lo rescata siempre de sus propias marañas".


Fuente:  TEDX Bariloche

miércoles, 7 de octubre de 2020

Masacre (microrelato de Carlos Velasquez, narrado por Sandra Porras)

La semana pasada les compartí un cuento de Sandra Marcela Porras, narrado por ella misma. 

Esta semana les quiero compartir uno de mis cuentos cortos, el cual obtuvo mención de honor en el IV Concurso Universitario de Microrrelatos Universidad EAFIT, Palabras Contadas.

Si bien este cuento ya se los había compartido, esta semana lo traigo en la voz maravillosa de Sandra, en un bello montaje audivisual. 

Sin más preámbulos. 




Hasta la próxima semana. 


miércoles, 30 de septiembre de 2020

El gran concurso: Guardianes del tiempo. Sandra Marcela Porras

 

Cuenta la leyenda que en el inicio de los tiempos, entre los primeros seres vivos en el planeta tierra, antes de que llegaran los humanos, el creador quería escoger una especie que tuviera una cualidad muy interesante; que fuera genuina, que pudiera leer las almas, ser mensajeros de paz y amor sin palabras, y al mismo tiempo que hiciera parte de la creación de la naturaleza, pero identificado como un modelo a seguir en medio de las diferencias. 


Así empieza el relato del Gran concurso: Guardianes del tiempo de la escritora Sandra Marcela Porras Arboleda, de quien ya compartimos otro texto en formato de audio hace algunas semanas. (ver Angeles escondidos). 

Sandra no solo escribe la historia sino que también graba el audio y pone las imágenes que ambientan su historia. 




A continuación les dejo la información sobre la autora.  

https://www.instagram.com/lapislazulicare/https://www.instagram.com/lapislazulicare/

acceder a @lapislazulicare

 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Secretos de creación literaria de Emilio Alberto Restrepo

Hay quienes coleccionan estampillas, otros coleccionan monedas; los hay que coleccionan postales y otros que atesoran recuerdos. Incluso hay personas que coleccionan problemas y los buscan desesperadamente, negándose a deshacerse de ellos, y rememorándolos como si los disfrutaran. 

Hay todo tipo de coleccionistas y casi podría asegurar que todas las personas coleccionan algo. 

Hay colecciones verdaderamente impresionantes. Una de ellas es la del doctor Emilio Alberto Restrepo Baena.  Emilio acumula consejos literarios. 

La gran ventaja de la colección de Emilio es que es pública y que beneficia a muchos. Desde hace varios años tiene un blog en Internet sobre consejos para quienes gustamos del arte de escribir.  Su blog, llamado Decálogos Literarios es una verdadera joya. 

El doctor Emilio Alberto Restrepo Baena es un reconocido médico y cirujano de Medellín, especialista en gineco-obstetricia y subespecialista en cirugía laparoscópica. Es conferencista y referente académico en el ámbito de la salud y de las letras. Emilio ha ganado muchos concursos literarios. Ha publicado una veintena de libros dentro de los que se destacan "El pabellón de la mandrágora", "Gamberros S.A" , "Los círculos "perpetuos", "Después de Isabel el infierno", "Y nos robaron la clínica", entre otros. Recientemente nos ha deleitado con una saga cuyo protagonista es  Joaquín Tornado, un detective oscuro que se mueve en el mundo de la novela policial negra.  El más reciente es "El primo y el timo: un caso de Joaquín Tornado".  

Emilio ha sido una de las personas que más me ha apoyado en mis ínfulas de escritor. Recientemente me invitó a participar en un proyecto maravilloso: Un libro con los mejores consejos literarios de reconocidos escritores colombianos. 

El libro, que presento ahora, lleva por título "20 escritores colombianos nos revelan sus secretos de creación."



Para mí ha sido un verdadero honor estar al lado de escritores tan prestigiosos. Agradezco a Emilio su deferencia. 

A continuación les comparto el listado de los autores que "revelan" sus consejos (en orden alfabético). 

Alberto Salcedo Ramos
Andrés Burgos
Andrés Hoyos Restrepo
Betuel Bonilla Rojas
Carlos Alberto Velásquez Córdoba
David Betancourt
Emilio Alberto Restrepo
Fernando Quiroz
Gabriel García Márquez
Héctor Abad Faciolince
Jaime Jaramillo Escobar
Jorge Franco
Juan Gabriel Vásquez
Julio César Londoño
Manuel Mejía Vallejo
Mario Escobar Velásquez
Memo Ánjel (José Guillermo Ánjel Rendo)
Orlando Ramírez Casas (Orcasas)
Óscar Domínguez Giraldo
Roberto Burgos Cantor


Agradezco también a Edver Delgado y a la editorial Libros para Pensar, el haber hecho posible esta obra, que es de lectura obligada para aquellos que quieren escribir.  

Quien esté interesado en el libro, puede solicitarlo en el teléfono 305 399 7940, o a mi correo calveco@une.net.co,  a la editorial al celular  321 479 34 51, al correo electrónico  edicion@librosparapensar.com o  en la pagina web www.librosparapensar.com 



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Posdata. 

Esta noche tenemos un conversatorio sobre mi último libro "Fuga de Ideas", publicado con la editorial Fallidos Editores
quedan cordialmente invitados 


miércoles, 16 de septiembre de 2020

Jeanne Baret, la primera mujer en dar la vuelta al mundo

Siempre nos han hablado del primer hombre en pisar la luna, el primero en descubrir América o llegar al polo sur;  se nos ha enseñado que Juan Sebastián Elcano fue el primero en dar la vuelta al mundo, pero nadie (muy pocos) conocen la historia de la primer mujer en dar la vuelta al mundo. 

Pues bien, hoy les quiero hablar de Jeanne Baret (también conocida como Jeanne Barret o Jean Baré).  Esta mujer francesa, nacida el 27 de julio de 1740 fue la primera mujer que registra la historia, en dar la vuelta al mundo. 


Su proeza la hizo  con la expedición del militar y explorador Louis Antoine de  Bougainville en los barcos Boudeuse y Étoile entre los años 1766 a 1769. Jeanne Baret era una gran estudiosa de la Botánica.  Debido a los mitos existentes frente a mujeres tripulantes de barcos, se hizo pasar por un hombre  (haciéndose llamar Jean Baret) y se alistó como asistente del botánico y naturalista Philibert Commerson, un caso de suplantación de género muy parecido al de James Barry, la primera mujer cirujano que se hizo pasar por hombre

Jeanne Baret, 
vestida de marinero, 
según un retrato de 1817, 
posterior a su muerte.
Durante las expediciones, Jeanne Baret estuvo ayudando a Commerson a recolectar y clasificar especímenes. En algunos textos se menciona que era ella quien hacía el trabajo físico, ante las limitaciones físicas que tenía el naturalista. 

Nadie sabe como una mujer, huérfana y de una provincia pobre en Francia (Borgoña), tuvo acceso al conocimiento y educación, pero se tiene evidencia de que Jeanne no era analfabeta. Tal parece que cuando embarcó en 1766 ya sabía escribir.  En 1768 fue descubierto su verdadero sexo, por lo que fue obligada a desembarcar en la Isla Mauricio, junto con Commerson.  Allí se empleó como su ama de llaves. 

Su relación con Commerson continuó hasta la muerte de éste.  Incluso se cree que a pesar de que el naturalista estaba casado, Jeanne Barret tuvo un hijo de Commerson.  A la muerte de Commerson, éste le legó parte de su herencia. 

El aporte a las ciencias de Jeanne Barret es impresionte. Junto con Commerson recogieron mas de seis mil muestras de especies vegetales de diversos lugares del mundo: Brasil, la patagonia, el estrecho de Magallanes, Tahití, las islas de Madagascar y Mauricio, entre otras. Jeanne Baret describió la primera enredadera a la cual llamó Bougainvillea, en honor al comandante de la expedición. 


Luis XVI, rey de Francia reconoció sus méritos como asistente del botánico, la felicitó describiéndola como una "mujer extraordinaria" y dejándole una renta vitalicia. 

Jeanne Baret murió en Saint-Aulaye el 5 de agosto de 1807, a la edad de 67 años


Lectura recomendada:  James Barry, la primera mujer cirujano que se hizo pasar por hombre 

Nota final:  Acabo de caer en la cuenta de la similitud no solo de las historias, sino tambien de los nombres:  James Barry y Jeanne Barret.   Curioso, ¿no?

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Las notas musicales

¿Alguna vez se han preguntado cómo es que la música antigua ha llegado hasta nuestros días? Y con "música antigua" no me refiero a las canciones que hacía dos semanas estaban en el top 10, a las de los 80s, a las canciones del dueto de antaño o las sinfonías de Haydn. 

Me refiero a música mucho mas antigua.   

Pues bien, con la música sucedió igual que con la Iliada y la Odisea. Se transmitió de persona a persona, en forma oral, hasta que a alguien se le ocurrió la manera de dejarla en un medio escrito para que fueran conocida por la posteridad

Aunque la escritura literaria data de la época sumeria, en tablillas de arcilla, la escritura musical es mucho más reciente. Nuestra notación musical actual se la debemos al monje italiano Guido D'Arezzo (991-1033 d. C) quien a partir de un himno a San Juan Bautista, "Ut Queant Laxis",  creó nuestra escala y facilitó la escritura musical.  

¿Sabías que antes no se cantaba Do-re-mi,  sino Ut-re-mi?

Pero dejemos que sea César Muñoz y su "Cata Musical" quien nos cuente esa historia. 




Espero que les haya gustado.  Hasta la próxima semana. 

Para los curiosos les tengo un video adicional,  el himno a San Juan Bautista de donde surgieron las notas.